viernes, 30 de abril de 2010

interesante

Esta nota.

verde

Esta semana estuve amiga de no tener tetas. Es por épocas. Con unos kilos menos, ser chata te juro que no me jode (ponerle voz de minit minit).

ay qué calor

Soy una ameba. Estoy cansada. Muy. Vienen las Paulas. El bebé por dormir, Simón y su amigo en el parque. Me gustan los hijos grandes. Día nada. No, mentira. Día taller. Me copa.

Eso chicos, un acto de presencia, de paso.
Nada más.
Así de viernes las cosas.

el efecto contrario

Acabo de llegar. Pensé muchas cosas en la última hora. Primero veinte minutos de bici fija y después, veinticinco de Body Combat. Mientras le pegaba a mi propia imagen en el espejo pensé que después de ese rato iba a quedar blandita como esponja mojada pero no, para nada, un mal movimiento y contractura en un músculo que no sabía ni que existía, a la altura de las costillas, de costado, en la espalda. Duele. Como la mano, que también me duele. Y tiene como un cuagulito dejabo de la herida. Me gustan las cicatrices, tengo una muy marcada en la frente que me hice al año (primero me caí y me pegaron con la gotita y al mes me clavé un lápiz y sí me tuvieron que coser. Me llevó mi abuelo al Hospital Pirovano. No, no lo recuerdo, claro. También tengo una marca en la pera pero sin costura. En el cuello del útero debe haber algo pero no sé ve.
Y ahora: la mano.

Un lugar raro, la palma.

Marido me prohibió contar intimidades. Puf. Papi, te casaste conmigo. Siempre fui así ¿o no? El tema es que desde que me volvió a copar coger, perdí completamente el filtro. Lo recupero por obligación.

Me metí en el sauna un ratito a ver si el tirón se me pasaba. No. Calor. Y mientras me bañaba (en una ducha que no era la segunda porque estaba ocupada), completé una reflexión de ayer. A mí lo que me supera, con lo que no puedo lidiar, es con la gente tensa. Yo sé que soy el extremo de lo relajiento. Y cada vez más y peor. Pero la gente que nunca afloja, dios, no. No puedo. Estoy esperando siempre que haga un chiste sobre su forma de ser, que me diga algo que me de la pauta de que, al menos, tiene consciencia. Y si no, nada, vos y yo no podemos tener nada que ver. Esa es la conclusión.

Para termina, porque tengo que ir en breve a buscar a Simi al colegio (día corto, día del niño) que viene con un amigo, quiero decir que sí estoy gordich. No hagamos de esto una discusión. En el sauna me reconstruí en el espejo: calzas violetas, musculosa naranja con otra violeta encima, las zapatillas que tienen más de cuatro años y uso todos los días y el pelo como siempre, recogido en algo parecido a un rodete pero cayéndose por los saltos.

(interrupción, arreglo con madre que me trae a Tita a la tarde).

Entonces, en frente al espejo doy muy aparato. Y gordich. Y es verdad, la gente que me vio en vivo puede dar fe. Tuve unos años de ser más flaca pero ahora ya no tengo la voluntad (no quiero hacer un tema de esto porque después doy sermones ridículos por mail).

En fin. Igual las endorfinas del deporte son todo.
Contesto unos mails y me rajo.
Así las cosas.
Variaditas.

jueves, 29 de abril de 2010

aparten la fecha

Que se viene el Jam.
Nos vemos ahí.

quiero compartir esto

Fue un día MUY productivo. No sólo de trabajo.
Pedí turno con la neuróloga, busqué el PIN del banco de marido, llamé al hospital por el informe (no obtuve respuesta pero eso es un detail), compré los dos regalos, invité amigo de Simón a casa mañana, resolví que me alcancen a Tita a la civilización después de la fiesta. En fin, casi todo, chicos. Cope.

Me voy a meter hijo bebé en bañadera. Hueeeeeeeva.

estas señoras, ¿qué tienen en la cabeza?

Simi sale del colegio con un vasito de plástico transparente. Adentro: Clarita. Una nueva tortuga de agua. Para navidad le habían regalado un pez. A ver, queridas maessstras, si nos entendemos. Soy la madre mata mascotas, tengo tres hijos, un marido, una casa, trabajos múltiples y mal pagos, vivo en otro país por lo cual sólo cuento con una hermana cerca (y esto es mucho y novedoso y lo re valoro, eh). O sea, no estoy para sumarme más responsabilidades. Sin contar que seguimos teniendo a Antonio, un verdadero sobreviviente, que se alimenta a base de cereales tipo K o All bran porque en la veterinaria de Walmart a veces no tienen alimento y otras me olvido de ir. Y Chedraui no cuenta con comida para roedores enjaulados. Por lo tanto, mis queridas, yo entiendo que tienen la mejor buena voluntad y hacen un regalo "vivo" que se supone que es copado pero...habemos madres que preferimos los no regalos o los regalos inertes (en este caso por el día del niño que es mañana, por supuesto que Diego y yo no compramos nada, de hecho, me acabo de dar cuenta de que deberíamos de haber...).

En fin.
Así las cosas.
Mascoteras.

¿más fotos?


Acá creo que se ve más la realidad.
Hoy, mientras hacía elíptica, dos señoras hablaban entre ellas de máquina a máquina, conmigo en el medio. Estaban matando (pero matando mal, la mina ya era cartera) a una madre (de compañera de hijas de ellas). Cosas horribles. Yo me fui escandalizada de Buenos Aires en diciembre, sintiendo que la gente criticaba mucho (MUCHO) a todo el mundo y que si te levantás de la mesa, te hacen mierda pero me doy cuenta de que es universal. Yo no soy caperucita roja, criticar a veces es divertido pero sin saña, de vez en vez, por deporte. Pero no me gusta que sea una constante. Me aburre. Me deprime.
También me tira para atrás la ingratitud, la pretensión,  el artificio extremo. Por lo general, soy amiga de los defectos de la gente. Digo, siempre es más fácil toparte con las cosas buenas de los que tratás pero las fisuras hacen a las personas más interesantes. Sólo que. A mí no me gusta discutir, por ejemplo. Me cuesta mucho lidiar con la agresión, me hace replegarme, querer salir corriendo.

No sé a qué venía todo esto, lo pensé, una vez más, cuando me metía en la ducha del club (siempre la segunda, siempre los rituales, mi lugar en la mesa, etc, etc, la neurosis hecha costumbres) después de no aguantar el calor extremo del sauna.

Bueno, eso.
Nada importante.
Así las cosas.
Atareadas.

cosas que hacer, siempre

Por ejemplo, ir al banco, llamar al Hospital para que me den el informe. Llevar a Milo a la neuróloga y para eso sacar un turno, la radiografía panorámica del Coco. Mucho trabajo en todos los flancos. Un poco de estrés. Comprar regalos para los dos cumpleaños del sábado, arreglar cómo y dónde busco a Roberta después de la fiesta del día del niño de mañana. Cinco días de hijos full time porque hicieron puente largo (no sé ni por qué). Ahora debería buscar una radio para escuchar a Bellatin y Escoto en la Ibero. Cosas así. Muchas.
Y una hueva que ni te cuento.
Retomé el gym. 40 minutos de aeróbico. De a poco entrar en ritmo. El café me está cayendo mal. Obviamente. Me puse un pantalón blanco. Cualquiera. No se dejen engañar por la foto, sí estoy gordita pero no es un tema grave en mi vida. Ni modo. Pensaba, mientras me bajaba del auto, cómo me caben los treinta. Insisto con este tema, sí. Porque están buenos porque lo único malo es que uno sigue cumpliendo y va quedando menos vida y el cuerpo se va haciendo mierda pero todo lo demás es ganancia.
Me desveló la literatura. No podía dormirme pensando cosas, una lectura.  A las 4.30 am me desperté con dolor de panza. Feo.
Estoy cansada. El despertador sonó a las 6.40 y me quise matar. Pero cuando se fue Simi volví a la cama y Diego me apiernó (lo que vendría a ser abrazar con la pierna) y pensé que el matrimonio, por esos pequeños gestos, vale la pena. Dormir juntos. Blanditos.
Y no mucho más, chicos.
La paso bien y mal a la vez, como todos. Hubo una ola pero como todas las olas, llegan a la orilla y mueren y vienen otras que por ahí no están tan buenas pero así es la vida, un mar embravecido.
Ni modo.
Así las cosas.
En vaivén.

una foto rara

miércoles, 28 de abril de 2010

¿ponerle onda????

¿Qué pasa? ¿¡Qué ME pasa?!
Lo único que me preocupa es perder el sentido del humor. Eso NUNCA, no lo permitamos. Si me vuelvo un plomo, decímelo. Ser un gancho no da. Nunca.

A veces tengo ganas de decir que soy más copada en la vida real. Y bueno...no tengo voz para decirlo, entonces vengo y te lo escribo. ¿Me copiás?

Estuvo bueno el cumple, tranqui. Milo recibió andandor y creo que le va a venir bien. Se me parte el bocho, mucha cosa en la cabeza. Lot of. Igual, copado. Mejor que sobre y no que falte. Claro.

¿y vos?
Yo quiero que todo el mundo tenga un blog. Todos gritemos al viento nuestras miserias. Hagamos chistes. O subamos fotos. Lo que quieras. Por mí.
Esperamos para ver la versión local de Soy tu fan producida y actuada por amigo. Igual, no nos invitaste al evento de ayer, flojo. Yo, sabemos, no miro tele. Nunca. Pero ahora Anderson Cooper de fondo.  Me chupa un egg. Todo. No leo mucho los diarios. Hay meses en los que leo todo y otros en los que no leo nada. Tele jamás. No gusta. Aburre. Mañana retomo gym. El cuerpo me lo pide a gritos.

En fin. Mucha azúcar. El día hermoso. Sol. Calor seco intenso. Muy seco, por sobre todo. Me gustaría saber dibujar. Cantar (suspendí mis clases por ahora, no me da en diversos aspectos).

Till tomorrow, guys.
.
Terminó la temporada de cumpleaños infantil en esta casa.
Así una foto (se las debo, blogger no quiere).

ASTROLOGÍA!!!

CARTA NATAL

La Carta Natal es un instrumento para el autoconocimiento. Una guía hacia el descubrimiento de lo que somos.

REVOLUCIÓN SOLAR

La Revolución Solar es la Carta que rige un año en particular.

CONTACTO: universoastro@gmail.com

Chicos, parece que es MUY groso así que escríbanle a María.
(debo el logo porque blogger se está haciendo el loco).
Así las cosas.
Astrales.

cumpleañero

El pobre no se da cuenta, claro. Es mi bebé y seguramente lo sea de por vida. No habrá piñata ni nada parecido. El pastel de siempre: bizcochuelo de vainilla relleno de dulce de leche y cubierto con ganache de chocolate. Compré budín de limón, galletas con chips de chocolate, sandwichitos de jamón y queso, medialunas rellenas de queso derretido, chips de verduras y no mucho más. Palomitas para los niños. Esta vez no cociné más que el pastel. No time. O paja. Me estresan los cumples. No le hicimos regalo. Somos padres semi monstruos. Ni modo, es lo que le tocó. Es temprano. Tengo que sacar la mesa en al parque. Ahora trabajar.

Y después terminar los detalles.
Así las cosas.
Estresadas.

hola

Tengo que laburar. Atrasada. Cumple de Milo. Temas con marido. Estoy un poco triste. Un poco estresada. Un poco todo. Pero ahí vamos. Isabel super pilas, eso está bien. Los pendientes siguen siendo los mismo.
Me pongo a llamar por tel.
Chicos, la vida.
Así las cosas.

martes, 27 de abril de 2010

hace un año, exactamente

Estaba ya en la clínica, con contracciones y poca dilatación.
El mundo parecía estar por desaparecer al ritmo de la Gripe A y los temblores.
Decidimos el nombre antes de salir de casa, a las 7.30pm. Dejamos a los chicos con mi madre.
Parí sin anestesia y a las 6.55am del 28 de abril de 2009, nació Camilo.
El año más rápido de mi vida.
Tengo 3 hijos.
32 años.
Un marido.
(aún).
Somos afortunados en esta familia.
Así las cosas.
Cumpleañeras.

a veces es divertido

Fogwill.

¿Entonces?

Pensé mucho hoy. Sobre lo que adelanté en el post anterior.

Y yo, ¿por qué soy así?

En principio, no me arreglo. Siempre uso jeans (tengo dos que son de los últimos ocho meses, los demás van para atrás hasta los once años en mi placard), en verano musculosa y chatitas y en invierno remeras de manga larga, suerters y botas. No varío. No me sé arreglar. No uso ningún tipo de accesorio (muy de vez en cuando un anillo y cada muerte de obispo la cadena con el silbato y el pequeño camafeo que me regaló Diego). Desde los trece que me visto igual. Tuve una época de pantalones negros y borceguies pero no mucho más, de vez en cuando también pollera. Ahora vivo uniformada. Me compro poca ropa, en momentos muy puntuales. Como no voy a centros comerciales ni camino por la calle tampoco veo ni sé qué hay ni tengo tentaciones al alcance. Me aburro rápido de hacer compras, me excede, tengo el temita del consumo que me produce angustia. Etcétera. Tampoco me pinto. Ok. Todo esto ya lo sabemos.

Ahora.

Tampoco soy una intelectual, no puedo por ese lado justificar mi desinterés en la estética. Tampoco me hago tratamientos, no voy a hacerme las manos, menos los pies, me tiño el pelo yo en mi casa (porque intento dejarme las canas pero no soy tan hippie, me supera). Estoy gordita y hace meses que no tengo voluntad de dieta. Pero si no estoy volcada a la vida contemplativa, a los grandes problemas sociales o de la existencia, si no hay ninguna actividad específica o importante que me consuma la energía entonces ¿por qué me comporto de este modo? No lo sé.

Mi madre, sabemos es arreglada y elegante.

No tengo respuesta. Paja, seguramente.

Y la realidad es que veo el paso del tiempo en mi cara (ni te cuento del culo) y no me agrada pero ni se me ocurre hacer cosas para detenerlo/ocultarlo.

Bueno, eso. No tengo conclusión. "Necesito" un jean nuevo y un abriguito de verano (tengo una suerte de saquito que me regaló madre hace meses y me lo pongo casi todos los días, en LA me compré por 5 dólares una camperita pero es small y resulta que ya no soy flaca, lamentablemente).

Por otro lado, me quedó rondando algo que me preguntó la chica que hacía la depi defi: ¿y cómo hablan tus hijos? Es una buena pregunta. Yo no puedo darme mucha cuenta. Pero es más o menos así: con nosotros hablan en argentino (pongamos que los idiolectos se nombran de este modo), Simón mucho más marcado que Tita. Y con mexicanos, hablan en mexicano. Algunos dicen que en mexicano tienen algo raro, un dejo de..., yo creo que Coco tal vez sí pero Roberta no. Marcan mucho las eses porque, obviamente, acá no se aspiran. Y utilizan las palabras que corresponden en cada caso. Tita se esfuerza por usar la y (sh) con nosotros pero lo adquirió hace poco más de un año. Esta explicación lingüísitica tiene un trasfondo de otro tipo. ¿Cómo se sentirán mis hijos en el futuro? Depende de lo que hagamos nosotros. O viven en Argentina y les quedará la "s" marcada como una supervivencia y contarán que de chicos vivieron en Mex o serán toda la vida hijos de argentinos pero completamente mexicanizados. Porque es así. No importa de dónde sean tus padres, terminás teniendo la idiosincracia del país en el que estás (ahí están mis abuelos rusos tomando mate, etc, etc).

También comparé nuestras infancias, tan distintas. Yo, excepto porque era la segunda vuelta de una familia de padre divorciado con dos hijas, tuve una infancia muy "normal". Fui a la misma escuela toda la primaria. Después seis años al mismo colegio, estudié una carrera que terminé. Los fines de semana iba al club, veía a mis primos y a mis abuelos. Iba a Pinamar en las vacaciones de verano. Así, todo muy estipulado. Nada que ver con la vida de mis hijos. Obviamente. No creo que haya mejor o peor pero algo de la estabilidad que tuvo mi niñez me gusta, me sienta, me identifica y no porque haya sido "tranquila" (mi familia era un bardo),sabías más o menos lo que iba a pasar el año siguiente y el otro y el otro. A mis hijos eso no les pasa.

En fin.
Conclusiones: cero.
Por qué soy un desastre, no lo sé. Me deprime un poco pero no estoy con ningún plan de hacer esfuerzos para ser distinta. Al menos no por ahora.

Me toca cuento. A Milo ya lo bañé y le di la cena. Los chicos se tienen que lavar los dientes y después a la cama.

Así las cosas.
Pensativas.

mucho en la cabeza, poco tiempo

Quiero escribir sobre el valor de la belleza (inspirada por Miranda), el consumo, los intereses, en fin.

No tengo tiempo para desarrollar, luego. Ahora llevar a Simón a tenis e ir a Costco a comprar cosas para mañana. Muy ocupada. Poca cabeza. Mucho sueño. Cansancio en general.

Nos depi defi con Ale, después busqué niños. Comimos. Laburo. Isabel parece que funciona. Sería un milagro.

Bueno, después me explayo.
Así las cosas.
¿Ordenándose?

sale Flor, entra Isabel

Como era el plan original. No pude con ella y Diego menos, su cero interés en Camilo, su falta de voluntad. Claramente no teníamos nada que hacer juntas. Fuimos a ver a Isabel al lado, si tan sólo hubiera llamado me hubiera ahorrado la noche de mierda que pasé. Angustia total. Te juro, no sabía qué hacer. La pasé como el orto. Ahora Isabel está arriba, Milo, Ale y yo acá en la cocina, al rato viene Lupita y yo me voy con mi hermich a la depi defi. Hoy sí voy a poder hacer la lista de pendientes.

Ya hice lista de cosas de la casa. Estoy ahuevada, angustiada, cansada y un montón de cosas negativas más pero prometo ponerle pilas. Me duele la panza como en el 2003, no está bueno.

Trabajo pendiente a montones. Me toca ronda. Y cosas así. Qué plomo la vida a veces. Otras, la rockea. Estoy un toque desinflada y poca onda. ¿Se nota?

Así las cosas.
Reseateadas.

lunes, 26 de abril de 2010

nunca (me) funciona

Flor es un desastre. Total. No pega una en ningún aspecto, no limpia bien, no tiene onda con Milo, me pregunta cómo hacer huevos revueltos y tiene 34 años. Estamos mal, vamos peor. Isabel llegó a las 7.30pm. No promete mucho pero mañana lo voy a incluir a marido en el tribunal doméstico. No puedo más. De verdad. Esto es un calvario. Yo sólo te pido proactividad. Hacer huevos revueltos no es una ciencia exacta. Limpiar una superficie con plastilina, tampoco. Y para los baños se usan los productos de baños que están adentro de la cubeta que te dije que se usa para limpialos. Te juro que no pido tanto. Además, la dejé con Milo veinte minutos y el pibe, que es el bebé más simpático y adaptable que conozco, no paró de llorar ni un instante. Dios mío, dame paz. Paz. Orden. Progreso.

Y así pasó el día, encerrada, sin poder ni siquiera hacer la lista de pendientes, me aliené en el word. Ni modo. Mañana. Tengo que ir a Costco para comprar las cosas del pastelito del miércoles de Camilo. Fuerzas, vengan a mí. Please.

Así las cosas, chicos.
Reiterativas.

update doméstico

Llegó Nina con Flor. Veremos si se adapta, parece un poco asustada a pesar de ser grande. Viene ultra recomendada y yo sólo quiero que funciona para poder olvidarme del tema y seguir con mi vida semi normal. Estas semanas fueron un paréntesis complejo, estoy levemente soprepasada, tengo millones de cosas para hacer. Poca energía. O volcada a otras actividades. Los hijos te consumen, la casa te consume, el marido te consume y yo ni siquiera hago deporte hace demasiado tiempo.

En fin, chicos.
Deséenme suerte.
Así las cosas.
Agotadas.

vos creías que todo iba a ser fácil?

Ahh, no. Obvio que no. Siendo las 11.31 y visto y considerando que Isabel no llegó, creo que tenemos una posibilidad menos de que esto vaya a funcionar. La hermana de Lisa me tiene una en boxes. Veremos qué. A Isabel le doy hasta las doce y si no, chau (si es que ella no me dijo chau antes de conocerme).

En fin. Acá estoy con Milo, dándole sandía que resulta que le copa. Con 500 cosas de laburo atrasadas. Y las camas sin hacer. Eso sí: me bañé.

Así las cosas.
Mal pero acostumbrados.

lunes otra vez, sí sí

Isabel llegará tipo 11 de la mañana. Ya empezamos un poco mal. Pero no importa. Lavé todo lo del desayuno, semi ordené (no hice las camas), escribí mails de trabajo, puse a Milo a dormir después de hacerle los ejercicios y acá estoy. En silencio. Sola de toda soledad (si no contamos al baby). Tengo una lista enorme de pendientes que ahora pasaré a mi Moleskine. El miércoles es el cumpleaño y tengo que comprar las cosas para el pequeño pastel. Me resulta muy difícil pensar más allá del día. Ni siquiera decidí qué vamos a comer, así que el miércoles parece otra vida.

Ayer fue un día tranquilo. Pero me costó mucho dormirme, eran más de la dos y media cuando miré el reloj por última vez.

Fuimos al club. Hace casi un mes que no hago deporte, creo que eso está repercutiendo en mi sueño, definitivamente. Estuve tirada en el pasto, a la sombra con Pau y los bebés (y otra madre). Diego jugó dos horas y media de tenis, vine a casa también con Pau, hice unas ensaladas, Jorge fue a comprar camarones y un par de vituallas más, calenté una triste tarta de zapallitos que me había dejado hecha Lupita y cuando, a las cuatro y media, llegó Diego (después de buscar a Tita en lo de Laura que es MUY lejos), hizo los camarones de tres maneras diferentes (unos con curry y crema de coco, otros con portobellos y vodka y el resto más plain) y por fin, comimos. Había venido Ale también. Postre, estar tirados un rato, bañar hijos, intentar que Milo gatee, comer mucho chocolate y granola, escribir e irnos a la cama a eso de las doce. Para dar vueltas, en mi caso, a pesar de haberme chutado un tylenol pm cuando ya veía que la mano venía difícil. Pensamientos agolpándose. Nada específico. Es una semana cargada. Y yo, como siempre, me siento en arenas movedizas. Los chicos no tiene clases durante miles de días (1,2,3,4 y 5 de mayo, parece). Te querés matar. Inverosímil.

En fin.

¿Me baño? ¿Trabajo? ¿Espero a Isabel en pijama? ¿Hago las camas? Muchas preguntas, ninguna respuesta. En fin, chicos.
Así las cosas.
Como siempre.

domingo, 25 de abril de 2010

Es domingo, hay sol, son casi las 12am y sigo en camisón. Ahora me voy a cambiar, también voy a vestir al bebé y nos vamos a ir al club. Ahora voy a llamar a Hermich. No tengo grandes cosas para decir. A la noche vimos la peor película del siglo (sí, ya sé que estamos en ese mood hace semanas, no sé qué nos pasa pero la del Dr Parnassus no la quise ver), tardamos en dormirnos (me tomé un tylenol pm) y a la mañana le pedí a Diego que se ocupara de darle el yogur al bebé y de meterlo a dormir la siesta (no podía más del cansancio acumulado) así que dormí hasta las 10 (a las 5 bajé a hacerle mamila a Milo y me morfé un pedazo de tortilla de papas que había hecho Diego el viernes. me sentí muy bulímica). Me voy a cambiar, señores. Leí por encima el diario. Estoy con una fiaca loca. Ganas de nada. Peli más tarde, comer cualquier cosa, pasear cero.
Así las cosas.
Domingueras.

sábado, 24 de abril de 2010

en la residencia del embajador...

Llevé a Milo a la terapia. No estuvo bueno, la mina es una imbécil, salí super angustiada, él estaba cansado y no pudo hacer bien los ejercicios. Lloré en el coche, sola con él.

Volví a casa, preparé todo para un día largo y nos fuimos al cumple de las amiguitas mellizas de Tita. Cuando pasamos por la puerta de la dirección indicada, Simón dice: mamá, es una mansión. Y cuando entramos nos dimos cuenta de que, efectivamente, era una mansión. Subimos por unas escaleras imponentes y entramos a la casa del embajador de Arabia Saudita, para ser más exactos. Era un festejo conjunto con el hijo del embajador (va a otro colegio). Eso sí, no pudimos conocerlo porque estaba de viaje. De esto, claro, nos enteramos después de tomar la infusión de curry y jengibre (o algo parecido) que nos dieron antes de salir al jardín. En una caja unos dátiles deliciosos que nada tenían que ver con los chotos que me compro en el super (sí, a mí me copan los dátiles aunque eso me convierta en una ruquita impresentable). En el jardín enorme una pileta/fuente. Mesas con sombrillas. Después del show (que era de una calidad superior a los habituales), sirvieron comida árabe. Charlamos con unos padres del otro colegio. Comimos y nos fuimos al segundo cumpleaños.

Eso sí: no había Ferrero Roche.

En lo de Walter, los hombres con los hombres, las mujeres con las mujeres. Una costumbre particular. Comimos más. Mucho pastel. Milo no durmió en todo el día. Ahora no quiso cenar. En la tela, el Vive latino de fondo.

Diego compró discos ayer. En los viajes escuchamos el soundtrack de Where the wild things are y Alicia. Muse y uno de Bowie en vivo.

Estoy agotada. Levemente menos miserable. Con dolor de piernas.

El grupo que escuchamos es espantoso.

En fin.
Así las cosas, chicos.
Cambiantes.

oven

La peor noche en años. La peor semana en décadas. El peor mes en vidas.

¿Cómo desaparecer completamente?

Tal vez, si lo hubiera terminado de leer, ahora tendría una clave.

No son ni las 9.30 y ya estoy bañada, cambiada, con el bebé listo y las camas hechas. A las 10 tengo terapia con Milo.

Marido no me habla.

Me siento miserable. De verdad. Lloro de cansancio y soledad.

Me doy pena.
Así las cosas.
Horribles.

viernes, 23 de abril de 2010

¿cuando entenderé que el silencio es salud?

Supongo, conociéndome, que nunca. Hoy Damián lo reafirmó, quedarse callado a veces es una buena política. Debo aprenderla. En todos los ámbitos de mi vida.

Tarde de cumpleaños. Muchas madres juntas. Ellas la pasan mejor que yo, me parece. En general. Gente a la que le gusta la vida de madres. Una decía que ella en las fiestas infantiles la pasaba mejor que los hijos. Claro, no para de hablarle a la que tiene al lado, sin parar, empalma un tema con el otro. Tener a quien quemarle el bocho se ve que le copa. De todas maneras, me cae bien. Es graciosa. Después dije que cuando tengo que forrar los libros sufro, sudo frío, me quiero mater y me da taquicardia. Te juro que me angustio de solo pensarlo. Todas saltaron a decir que lo disfrutaban, que las llamara cuando tocara.

Tengo que dejar.
Así las cosas.
Mal pedo.

la gacetilla como corresponde

LOS SUEÑOS DE COHANACO

de Mariana Chaud y Leandro Halperín



miércoles a domingos a las 20 horas.

Sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín (Avenida Corrientes 1530)

Platea: $45.- Miércoles, día popular: $25.-


“Promedia el siglo XIX, en la Patagonia profunda… Un grupo de tehuelches liderados por su cacique Cohanaco recorren esos territorios extremos persiguiendo la caza y protagonizando verdaderas epopeyas indígenas. Pero en la aventura no están sólo ellos. Se suman Mr. Sheffer, un marino inglés al que tienen cautivo, y Antonio Lista, un temible criminal chileno que ha escapado del presidio de Punta Arenas y visitará a los indios urdiendo engaños y generando los principales conflictos de la trama. Pero esta obra no sólo imagina una ficción situada en el pasado, sino que también invita a indagar en la actualidad a través de los sueños del cacique. De alguna manera, mientras hoy soñamos con Cohanaco, él se nos muestra a su vez soñándonos a nosotros.”



Mariana Chaud

Con: Agustín Rittano, Santiago Gobernori, Daniel Cúparo, William Prociuk, Luciana Acuña, Elisa Carricajo y Claudia Mac Auliffe



Escenografía: Alicia Leloutre
Vestuario: Carolina Sosa Loyola
Diseño de iluminación: Gabriel Caputo
Música: Emilio Haro
Asistencia artística: Laura López Moyano



Dirección: Mariana Chaud

mañana de viernes, silencio, paz

Se fue Diego, ya se había ido Tita y antes, bastante antes, Simón. Me tocó, tácitamente, madrugar toda la semana. No porque lo considerara justo sino porque marido no atinó a abrir un ojo a las 6.40am, ninguno de los cinco días de la semana laboral. Heme aquí, entonces, en silencio, de lejos se escucha la cajita de música de Milo quien se fue a dormir su siesta, nunca entendimos por qué se despertó en primera medida.

Al rato viene Lupita. Le dejé los trastes del desayuno.

Tomé café con leche y comí una tostada con queso y tengo ganas de vomitar. Es el efecto desayuno tempranero. Me cae pésimo.

Estoy gordich. Había adelgazado un touch, volví a subir. Si no hago dieta, no hay muchas chances de que vuelta a tener un peso digno.

Pensaba, hace un rato, que una de las cosas que más me engorgullece de mi matrimonio es que garchemos bien después de tanto tiempo. Y bien lo digo en el sentido de mucho y satisfactoriamente. Nueve años y me sigue copando. Bah, me volvió a copar.

En fin.
Voy a leer una notas de la Ñ y después me daré un baño. Trabajar. Taller. Cumpleaños infantil en la tarde. Lluvia de fiestas en los próximos diez días. O no tenemos nada o tenemos la agenda saturada.

Así las cosas.
Trancas.

jueves, 22 de abril de 2010

me tiro encima de marido y me da vuelta la cara

Huele bien. Muy bien. Me pellizca el cachete y hace ruido de beso. Me río. Se afloja y se semi ríe. Me odia. Chateaba con coachie después de muchos días de silencio. Él comentaba cosas sobre el programa de Gordon y yo no le entendía. Poca modulación. Dios. Mucha demanda.

Merendamos en lo de Pau. Me encanta el momento en el que hacemos los nesquik de todos los chicos, o cuando me siento en el piso a darles a Milo y a Mila de la misma fruta (en el club). Milo no avanza mucho a pesar de los ejercicios. Me preocupa. Espero que no sea nada. Charlamos. Vemos algunas fotos viejas. Jugamos con los bebés. Vuelvo a casa, baño hijos. Los dejo mirar un rato de tele mientras les hago unos huevos revueltos (sí, ya sé, huevos revueltos pero qué huevos, eh), pongo un disco de Árbol (rockear el viejazo) y bailo. Milo se ríe. Por suerte uno al que todavía le causo gracia y no vergüenza. Hijos se acuestan. No estuvo mal el día solos. La casa mantuvo bastante la dignidad. Admiro a las madres amas de casa que hacen todo. Chapeu. Yo, bueno, yo soy una malcriada y simplemente no nací para esto. Pero la re pilotié.

Hoy me contaron una historia de amor.

...y tu mirada se clavó en mis ojos...

Amor entre chicas.

Eso de que te enamorás de personas y no de géneros. Sí, pasa. ¿Te hace feliz? Genial. Nada importa y está bueno. A mí las mujeres me caen perfecto. Y podría sentir atracción por una chica pero chupar una concha, me resulta impensable.

Me voy a la cama. A leer un rato. Vengo durmiendo poco.
Marido se retira con su malhumor a cuestas. Me habla de adicción.
Así las cosas, chicos.
Celosas.

abarajeme la bañera, nena

O alineame los astros. O hacé que me pase algo bueno, por ejemplo. Trabajamos con Tai, el bebé daba vueltas, bajamos a buscar a los chicos, me acompañó y eso lo hizo un poco menos plomo. Los amuché porque cuando va Milo, no entran bien incluyendo a Migue. Llegamos a casa, Simi hizo la tarea mientras yo cocinaba. Después abrieron los sobres de figuritas, lavé los platos, cambié a Milo, le di una leche y lo puse a dormir. A las cuatro deberíamos estar en el club porque Simi tiene tenis pero no sé cómo voy a hacer con la logística. Hablo con Carmen y me lo va a llevar ella. Después lo busco y vamos a lo de Pau. Suspendí piano.

Tengo una nube negra persiguiéndome. Paz ¿paz? ¿cómo por dónde te estaría encontrando?

En fin, chicos.
Así las cosas.
No sos vos, soy yo.

no duró

Viste que ayer me sentía contenta, semi plena, buena onda, chingona, entera, copada, etcétera.

Bueno, no duró.

Claro.

¿Qué se puede esperar de mí?

Ahora me siento una lechuguita masticada, escupida al borde de una calle. Milo duerme la siesta, debería ir a bañarme. Tengo laburo, mucho. No hay sol. El deporte lo abandoné hace más de dos semanas y no sé cuándo podré retomarlo. Pelea con marido por cualquier cosa. Todo es pasible de ser discutido. Así no puedo. Me supera. Angustia. De nuevo. No gusta.

En fin.
Este es más o menos el panorama.
Gris.

miércoles, 21 de abril de 2010

bien marido

Llegó temprano, se quedó con los chicos, cocinó. A la hora de la comida habíamos hablado con Lupita bien de él. A ella el suyo la abandonó sin decir agua va hace once años. Despareció, sin más. Un día no volvió. Y ella no se recupera. La alenté para que se buscara un novio. Tiene un galán de 30 (ella tiene 39) pero no puede vencer el prejucio de la edad. Bah, no podía. Creo que le va a dar una chance. Marido es muy buen padre y buen compañero. Se quedó con los chicos, sin ayuda e hizo todo. La casa estaba impecable cuando llegué.

Ahora me voy a preparar algo de cenar. Y me voy a meter en la cama. Son casi las doce de la noche y cunde el destroy.
Así las cosas.

era obvio, OBVIO

Fui a pagar el agua y al super. Oops, me olvidé de comprarle las figuritas a Simi, me va a matar. Estuve llamando a Angélica pero no me contestaba el celu, daba directo al buzón. Ya tenía mala espina, no parecía convencida. Tenía que dejar a sus hijos. En el camino, yo también me quedé sin batería y cuando llegué, Lupita me dijo que había llamado y que me esperaba en la parada de taxis. Fui corriendo, se subió al auto y me dijo que antes de avanzar quería hablar conmigo. Más oops. No había conseguido con quién dejar a los chicos y había venido para decirme: no. No. En fin. Perder el tiempo. No me sorprendió. Se me complicaba sólo hoy. Ayer, Carmen, la vecina española de al lado, me había dicho que la hermana de la chica que trabaja en su casa buscaba trabajo. La dejé Angélica en el mismo lugar y cuando llegué, toqué el timbre. Hablé con Olivia y me dijo que el lunes trae a Isabel, su hermana. Me pareció bien. Que estén en casas pegadas es copado para ellas. Así que le pongo unas fichas. Hoy Lupita se queda hasta más tarde. Es un ser de luz, buena onda y me ayuda. La queremos. Diego vendrá temprano y yo me las arreglaré. Mañana estaré sola, el viernes vendrá de nuevo Lupis y el lunes llegará la salvación ¿será?

Yo sé que es una temática de mierda pero por mi coyuntura, la ayuda doméstica es fundamental. Hoy no trabajé. A la tarde viene Xime un rato. Me pongo las pilas esta hora y después busco a Tita.

Así las cosas.
Como antes.

me fui por las ramas y olvidé lo que quería decir desde ayer

Sí, la estoy pasando un poco mal. El tema doméstico en mi vida no es un detalle, mi abuela mal, el tema de Milo lógicamente me angustia, que mi marido no me soporte la mitad del tiempo, no está bueno. Y todo lo que repetimos día a día, post a post, como una mantra de la queja metódica.

Pero.

Yo tengo mucha conciencia de que estoy bien. Por primera vez en años (o en mi vida entera) me siento bastante bien conmigo misma. No me importa ser gordich, pienso que no es trascendental, me gusta lo que estoy haciendo, me entusiasma, tengo proyectos, energía. Me aburre la vida de madre, es verdad, te soy sincera. Me sobrepasa pero la elegí y me hago cargo. Sé que estos son los mejores años de mi vida. Suena rimbombante pero es verdad. Me apena un poco estar desperdiciándolos en el suburbio. De eso hablábamos con Pau y Maru. Plenitud. Los treinta son así. Copados. Ojalá duraran por siempre.

En fin.
Llegó Lupita.
Así las cosas.
Me voy a bañar.

el mejor polvo en años

Se estaba yendo y me obligó a que baje a despedirlo. Soy, a pesar de lo que parece, una esposa bastante sumisa. El clima no estaba para contradecir. Me pareció una locura su determinación pero accedí. Quería coger. Yo. Él, no sé. Hace días que por distintos motivos nos veníamos desencontrando. Además, la noche no se presta para el sexo (nunca).
Estaba de mal humor, retovado. Con un enojo atávico, arrastrado desde el primer embarazo, más o menos. Acumulación. Bronca. Le di un beso, le dije que quería coger, le toqué la pija y me dijo putita. A la madre de sus tres hijos le dice puta. Me gusta. Empezó a sacarme el camisón con violencia, a pellizcarme. Me arrinconó contra la pared. Bajamos al estudio. Y garchamos como si fuera la primera vez. Como hace mucho no. Grité. Y cuando se fue, me quedé contenta.

Leelo como quieras.

A la noche terminé el libro de Bellatín, seguí con el de Aira. Escribí. Skypié con mi hermana, me quedé sin internet mientras chateaba con Tai. Necesito ganar más plata. Mucho trabajo, poco ingreso.

Hoy se supone que viene Lupita. Y Angélica en algún momento. Me toca ir al super, llegamos a los límites de lo permitido. En el freezer, eso sí, mucha carne. Verdura: cero. Fruta: podrida. Quesos: nulo. Leche: una. Y así.

Día largo.
Otra vez con el auto de Diego. Desde abajo me pidió que cuando lo estacionara intentara que la llanta no mordiera el cordón. Dije que sí y pedí perdón. Prefiero andar en mi coche pero sigue sin verificar.

Debería bañarme. Ni siquiera me lavé los dientes. Tengo la placa de relajación todavía puesta. Me falta desayunar. No quiero hacer las camas. A trabajar.

Así las cosas.
Encontradas.

martes, 20 de abril de 2010

era en abril

El 20, temprano a la mañana, me fui a Ezeiza en un remís, tenía puesto un jean nuevos, botas semi borceguíes, una remera y el sueter rojo tejido a mano (todo sigue en mi placard). Los anteojos negros. Grandes. Y una juventud envidiable. Lo vi salir por la puerta y me volvió el amor del que , por momentos, dudé en esos dos meses separados. Nos fuimos a su casa, cayó su madre y después una chica que gustaba de él le trajo una bandeja con el desayuno. La tomamos juntos, ella se tuvo que ir. Él tenía 30, yo 23 y nos habíamos visto menos de veinte días netos. El 1 de mayo quedé embarazada. Fue hace nueve años. Y acá seguimos, locos como siempre pero más enamorados.

Porque aunque te cueste creerlo, yo amo al pipu. Así como es.

Ya sé que esta historia la conté mil veces, pero me gusta. Es una historia de amor.

Así las cosas.
Unidos. Y domados.

los astros mal alineados

Decime: ¿cuánto creés que durará este temita? Digo, no sé, creo que ya fue suficiente. Y no me quiero quejar, eh. No, no. Me aburro hasta yo. Pero el tráfico hoy fue de locos. Llegué a la escuela de Roberta, previo dejar a Milo con la hermana (de 16) de Fanny, y resulta que de la excursión llegaban a las dos. Entonces, ir a buscar a los grandes (es el mismo colegio pero dos sedes distintas a diez cuadras aprox), esperar en la puerta, apurarlos para que caminen rápido, volver al kinder, bajar con los dos, buscar a Tita, apurarlos, recibir la llamada diciendo que el bebé se había despertado, dejar a Migue en su casa, buscar a Milo, poner la sillita en el auto, ir a lo de Pau a comer a las tres. Divina, nos recibió con sopa y pastel de papa. Los chicos comieron, jugaron un rato, nosotras hablamos de constelaciones familiares, nos reímos un poco y me vine a casa a que el bebé durmiera la siesta larga. Me puse a escribir. Los chicos jugaron un rato y Simi se fue a lo de Dante a quien no ve hace años. Estoy nerviosa, estresada. La cuñada de la señora Eli (que trabaja en lo de Pau) se supone que viene mañana pero no le pongo muchas fichas. Me preguntó si tenía que cocinar y parecía tener pruritos. Dios. Justo mañana, no. Viene Lupita a la mañana pero con eso no hago nada. La pila de ropa sucia siguió subiendo y yo no hice nada para solucionarlo.

Llamo desesperada a Angelica para saber si ya habló con Eli y sabe cómo llegar. Patética. Angélica se rió. Tita me pide por octava vez la leche. Diego, ya lo dije, no viene hasta muy tarde. Escribo en un mail que hago agua por todos los flancos y es bastante cierto. Tengo ganas de llorar. Me siento miserable y casi todas son nimiedades pero mi vida es eso, un cúmulo de nimiedades intrascendentes. Y ni modo. ¿Lloro? No, estoy seca de lágrimas, ya lo sabemos. Le dediqué las que tenía a la abuela Eugenia y no me quedaron más.

Diego ya no me hace llorar. Eso es un avance. Si me hubieras visto en el 2003, era todo taaaaan dramático. Y mi vida era tan fácil. Ni te digo de más joven, pero ahí yo también pensaba que me iba a quedar sola de por vida. ¿Cuándo inventan la bola de cristal?

En fin, chicos.
Así las cosas.
Foja cero.

HELP

Chicos, si alguno sabe de alguien de confianza que quiera trabajar en casa, manden mail.

URGE.

MIL GRACIAS.

esto es un muy mal chiste, pésimo te diría

Estaba en el estudio, intentando escribir (con poco éxito, en realidad releía y chateaba) y suena el teléfono. Atiende Lorena, escucho que habla. A los minutos baja y me dice que se tiene que ir. Ayer me había contado que a fin de enero se le había muerto su bebé recién nacido. Sí, terrible. Lloró. Yo pregunté, siempre hago lo mismo. Ahora tiene que irse al pueblo por un problema de papeles. Oscuridad. Yo, desesperación. Llama justo su prima que es la que la trajo y le pregunto si no puede venir a quedarse porque tengo que hacer la ronda y en mi auto no entran todos los chicos. Me dice que está su hermana, ahora la trae. ¿Puede ser que todo me salga mal? Mañana tengo una larga tarde de trabajo. Muy larga. Y problemas, evidentemente, muchos. ¿Por qué tengo los astros mal alienados? ¿Eh?

No fui al gym. Skype con Merin. Me bañé y me disponía a trabajar. Vaso de agua. Ahora tengo a Milo encima mío, mientras escribo estas líneas.

Marido un poco de mejor onda. Por suerte. Sí, pedir perdón.

Chicos. Si alguno quiere mandarme una pócima o algo que me saque la mala de encima, la re recibo.
Gracias.

Así las cosas.
Ridículas.

para atrás

Estoy muy angustiada. Hace mucho que no se me cerraban el pecho así por una pelea con marido. Me odia y no me habla. Y ni siquiera termino de entender por qué. Ayer estuve insopor y le pedí perdón. También le dije gracias por todo lo que había hecho. La bronca parece que es acumulativa. Hoy tiene show hasta muy tarde. No quiero quedarme sola tanto tiempo, hoy no. Rareza. Incomodidad. Extrañada. Ni siquiera son las siete y media y ya pasó tanto.

A las diez apagué la luz. Me dormí de inmediato. Y muy profundo. Cuando lloró el bebé miré el reloj y pensé que eran las seis y media pero no, eran las diez y media. Había dormido la media hora más pesada de mi vida. No escuché a Diego. Creo que se bañó. Tiene el buen gusto de odiarme pero compartir la cama. Las angustias matrimoniales no dan. Si estamos juntos es porque hay equipo, porque nos gauantamos mutuamente, porque hoy vos, mañana yo. Puede pasar que esté insopor. Tengo conciencia. Lo sabés. Pero no: castigo. Siempre un poco más extemo. Yo no creo en eso. Nada justifica el destrato, no contestar, mirar mal. No aplica. Pero no es mutuo. Entonces, con Milo jugando al lado mío, en la cama, a oscuras, ya sin nadie en casa porque Tita tenía la excursión y empezaba el día temprano, me pregunto cómo encarar todas las horas de soledad. ¿Da que vaya al gym mientras el bebé duerme? Por ejemplo. Tengo que hacerle los ejercicios. Ahora le cambiaré el pañal, bajaré a darle algo de comer y veré si me cambio o no. Fuerzas cero.

Soy miserable, chicos. Hoy sí que me siento una hojita que tiró el viento y vino una jauría a pisotearme.

Entretanto igual me río con mail de Pau.

Bueno, mi hijo menor chilla. Tengo que ocuparme.
Así las cosas.
Desahuciadas.

lunes, 19 de abril de 2010

peligro: inflamable

Ese es el status de mi matrimonio. Pero no me voy a extender.

Me pasaron más cosas. Malas, claro. Porque los hecho negativos se concatenan porque uno tiene la cabeza quemada.

A las dos y media me llamaron para que busque a Lorena. Pero el bebé dormía. Un poco antes de las 4pm se despertó Milo y partimos con Tita. Simi llegaba de fútbola las cuatro y cacho. En el camino de vuelta me paran dos polícias porque el auto no estaba verificado. Obvio. Sabía que me iba a pasar pero no lo evité. Se me pasó. Grité. Mala táctica, obvio, Dije: llame a la grúa.

Se me borró el post.

Finalmente lo solucioné. Dejé a Lorena, llegó Simón. Se quedó. Me fui con los menores. Llegué bien a la terapia. La mina cero clever. Y poco empática. Tengo que hacerle ejercicios dos veces por día. En un mes Milo tiene que gatear. Salí angustiada. Los problemas de tus hijos te enfrentan con tu propia maternidad. Con lo que hacés mal. Yo no soy buena madre. Parece que no soy buena nada. Ojalá arranque. Me pega mal este tema. Todo me pega mal.

Salí a comprar cigarrillos. Diego no me habla. En un rato me voy a meter en la cama a leer. Me siento sola y un poco miserable. No es México. En Buenos Aires, es cierto, me siento un poco más yo. Pero las locaciones no son mágicas. Los cambios están en uno. Son semanas complicadas. Mañana espero volver un poco a la normalidad. Un poco. Ser más productiva. Que me de la cabeza. ¿Podré?

En fin, chicos.
Así las cosas.
Para atrás. Pero hay que ponerle garra.

dos y media

Recibí el llamado de la chica que traía a la que viene a casa. No le tengo mucha fe a esta nueva persona. Yo suelo integrar como parte de la familia pero esta vez no tengo ganas. Demasiada energía. Trabajo por demás. Cansancio. Marido es un sol. Yo lo maltrato. Así me sale. Ahora voy a hablar con Marian, dice que ya extraña Méx. Es difícil todo. El exilio apesta. No hay que irse, chicos. Volver es tan difícil. Cuando te vas agarrás tus petates y chau. Te instalás en otro lado, te armás una vida. Pero volver...tiene que venir el plomero. Odio las cosas de la casa. La ropa sucia sigue sucia, no sé ni poner la lavadora. No me interesa. Quiero escribir pero no me da la cabeza. Quiero llorar pero no tengo lágrimas. Sólo quiero quejarme. Le cuento mis penas domésticas a todo el que quiera escucharme. La maestra de Tita se alegró de que volviera, mis hijos me extrañaron mucho, como nunca. No puedo volver a irme sin ellos. Pero ir con ellos también es complicado. Todo es complicado. Mañana Roberta tiene excursión y el camión no sirve, Diego va a tener que llevarla temprano (7.45am tiene que estar ahí). Tengo que hacer algo que me entusiasma pero me siento sobrepasada. Quiero ver plata pero no es el caso. Quiero dos niñeras, alguien que limpie. Otra que cocine. Suponete. La vida burguesa ayuda. Irse de viaje, no.

Así las cosas.
Pesadas.

sigo sola

Son las once menos veinte y no tuve noticias de la chica. Tampoco me puse a trabajar ni escribí. Ah sí, me bañé. Ahora voy a bajar a desayunar con Milo que se acaba de despertar de la siesta. Es muy bueno mi hijo. Por suerte.

Pasan los minutos. Nadie llama. Infierno.

La abuela está mal. Obviamente. Parece que un poco peor. Me da mucha pena. Mi abuela hasta que se rompió la cadera (o sea, hasta hace tres semanas), caminaba todos los días, iba dos veces por semana a un curso de autoayuda (en el que sólo escuchaba porque es muy tímida), tocaba el piano increíblemente bien, salía con su prima y otras amigas a tomar el té y charlaba de política (discutía) con mi padre. Mi abuela no merece morirse así. Y es muy duro darse cuenta de que uno no elige cómo morirse. Va a seguir internada por tiempo indefinido. Yo me despedí como si no la fuera a ver más y recién, mientras me peinaba (me olvidé mi peine amado de plástico que tiene ocho años en lo de mi madre y yo tengo otro así que usé uno de diego y un cepillo pero no me sirven) pensé que a todos nos da tanta pena la abuela porque es el único ser que nos miró siempre con benevolencia. En una familia en la que nada es suficiente, en la que los elogios nunca sobraron (y menos de chicos), en los que las críticas están siempre presentes y en la superficie (no sé cómo son otras familias, no me doy cuenta), para la abuela somos perfectas. O casi. Intento recordar si alguna vez me dijo algo negativo y creo que jamás. Le parecemos lindas, buenas, talentosas. Al menos yo. Y sin la abuela, no queda nadie con esa mirada.

Seguramente sea yo que me presto, me pongo de pechito para que me digan todo lo malo que se les ocurre. ¿Yo haré lo mismo? Es posible. Mi honestidad brutal me juega en contrar. Y no es, entonces, sólo one way. A veces me pregunto si de verdad soy sólo defectos. Y me lo pregunto seriamente. Hago agua. En todos los flancos.

En fin. Así las cosas.
Un poco triste. Un poco melancólicas.

crisis

Diego se acaba de ir. Antes, hizo todas las camas, ordenó, me soportó. Me levanté pésimo. No tener ayuda doméstica es de las cosas que peor me pegan en el mundo. Jamás hubiera tenido hijos de no contar con alguien. Es así, pienses lo que pienses. Hoy, además, me replanteo cómo yo llegué a tener esta familia. Yo, que no puedo conmigo misma, que todo me da paja, que me angustio. En momentos así, odio mi casa. Diego también la odia. Es horrible, está completamente venida a menos, se rompió todo, es vieja y fea. Pero mudarnos no sería un buen plan por muchos motivos.

Le grito a mi marido. Mi marido sabe que se casó con una loca, que acabo de llegar de Buenos Aires, que estoy sobrepasada, que el asunto maid me hace muy mal y me ayuda. Él hace todo mejor que yo. En todos los ámbitos. Yo lavé los platos y repasé la cocina. Tiene que venir la chica nueva en algún momento. Sé que su llegada a las once de la mañana todos los lunes no me va a servir. Yo no puedo lidiar con la casa los lunes a la mañana. Me supera. La fuga de Jobis fue de lo peor que me pasó en mucho tiempo. A este nivel, claro.

Tengo mucho trabajo. No puedo ni siquiera pensar en atacarlo. Quiero vivir en Buenos Aire y a la vez, me angustia pensarlo. Está imposiblemente caro. Me pregunto si alguna vez podremos. Entretanto, me angustio con el muy poco feliz sentimiento de por qué tuve tres hijos. Todo me supera. Quiero salir corriendo. Quiero ser rica. Quiero tener mucha ayuda. Una casa linda. Poder vivir en Buenos Aires sin problemas. Ser menos neurótica. Ponele.

Y muchas cosas más. Pero no puedo ni pensarlas.
Así las cosas, chicos.
Rayadas.

domingo, 18 de abril de 2010

nene, ya no estoy para estas cosas

Quiero coger. Insisto, logro que marido active pero me echa de la cama, está rota y se va a romper, me dice. Alfombra áspera, entrados en los treinta, no da. Me tira un almohadón, me duele la mano. Está bueno. Pero no le hace bien, hace días le duele la panza. Alguna inflamación, se queja, tiene que ir al médico. Hay sol. Son las 11.18am. El bebé duerme, no desarmé la valija, lavé los platos del desayuno. Iremos al club. No sé si es niebla o contaminación. Una nube extraña. Ganas de nada. Hijos se pelean en la sala de tele por la wii. Intento ver los terrenos que mandó Pau, marido mira la revista Noticias que leí en el avión. Me gusta estar en casa aunque no me guste la casa ni quiera vivir en esta ciudad. Mis hijos gritan y se acusan. Dios. Hay que tener una paciencia para todo esto de la cual carezco. Estoy en camisón y buzo. Quiero leer el diario pero no me concentro. Sigo cansada. Sueño.

Así las cosas chicos.
Bien cogidas.

"tenés olor a otra casa"

Eso me dice marido cuando nos despertamos. Me parece gracioso. Le digo que ya adquirié el de esta, que por suerte viví en lo de mis padres.

Mi compu no pudo enganchar la interneta del lounge centurion de Amex por lo cual no pude despedirme como correspondía. Comimos medialunas, tomamos café con leche, le dimos yogur a Milo y el tiempo se pasó rápido.

Mi hijo abre sobres de figuritas del mundial, tiene ocho años y su primer album que va a llenar con el padre.

El vuelo duró más de lo habitual (anunciaron nueve horas cuarenta y fueron diez y cacho). Dos veces estuvo por aterrizar y volvió a subir. Miedo. El comandante no nos explicaba. Feo. Cantamos mucho con hermana. Puerto Pollensa, Fito Paez, Serú Girán, Sui Generis, cosas así. Y clásicos de la infancia. Lo que nos había quedado en el tintero. El bebé durmió unas horas y después, de todas maneras, se portó increíblemente bien.

Finalmente aterrizó.

En migraciones nos tocó un tipo muy simpático que hizo el shock inicial un poco menos brusco. Pero tener que caminar un kilómetro dentro del aeropuerto hasta llegar ahí y después el mismo camino de regreso para buscar el equipaje, me parece nefasto. Ni que decir que estuvimos más de media hora esperando a que apareciera. Garronazo. Mal humor. Llovía. Llegar a casa fue largo. Y cuando finalmente entramos en La Herradura, no había luz. NO HABÍA LUZ EN UNAS CUANTAS MANZANAS. Cualquiera. Entramos y llevamos hijos directo a la cama. Se había hecho tarde. Comí algo al paso (una tarta petrificada que tenía más de dos semanas), prendimos velas y subí a acostarme. Marido se sentía mal, se hizo una sopa y vino a comerla a la cama. Soplamos las velas y nos dormimos. Yo de inmediato. A las dos y pico el bebé lloraba, le hice mamila, ya había luz. A las seis volvió a llorar desconsoladamente. Fui, le busqué su Pato pato (objeto transicional que había quedado en mi mochila) y lo dejé llorar. Tiró hasta las ocho.

Está al lado mío, gritando emocionado. Tita sigue durmiendo.

Hay sol.

Llegar es siempre muy heavy. MUY. Quiero Buenos Aires. No quiero México. Pero le pongo garra. Me conecto después de más de un día. ¿Abstinencia? No sé qué plan. Ordenar en principio. Fiaca total. Odio viajar.

En fin.
Así las cosas.
Aterrizadas.

viernes, 16 de abril de 2010

querido padre

Es de mal gusto que leas este blog.

Después de la cena familiar me convenzo, aún más, de que no tendría nada parecido de vivir en Buenos Aires. Supongo. Detesto las conversaciones sobre este espacio. Me ponen de mal humor y si es en familia, todavía más. Si hay algo que me gusta del blogueo vintage es el anonimato. Sin saber, efectivamente, quién te lee, te sentís con libertad. Cuando en la mesa tu padre dice: yo lo leo. Y madre agrega: yo tengo amigas que también. Yo pienso: Esto es CUALQUIER COSA. Y sin embargo, antes de irme a dormir, temprano porque mañana me esperan mil horas aprox de vuelo con hijo pequeño, escribo estas líneas.

Me voy, chicos. Me despedí de la abuela y me dio mucha tristeza. Pero no lloré. Hice un autorescate que funcionó, le dije cuatrocientas veces que la quería mucho, que le mandaba besos a todos y me fui, haciendo algún chiste. Pero me dio pena, claro. No sé qué pasará, tampoco.

Y cada día me siento un poco más cerca, con más ganas de vivir acá, pensando una vida posible. Ya no sé cómo vivo en México, como aguanto. Me gustó verlos a todos los que vi. El poco rato que tuve.

Nos vemos mañana, en el lounge de Amex.
Así las cosas.
Despidiéndose.

un semi cuento, semi porno


Aníbal
Era diciembre del 97 y tenía que buscar una nota en la facultad. El último parcial de Literatura Inglesa. Estaba terminando el primer año. Hice la combinación de siempre, primero el 110 y después el 141. Por lo general leía o miraba por la ventanilla. El 141 me lo tomaba vacío en la esquina de Scalabrinni Ortiz y Santa Fe y pasaba por la puerta de la casa de mi abuela, en Malabia y Vera. Nunca me bajaba a saludarla aunque debería haberlo hecho.
Ese día me paré en Rivadavia al cinco mil y toqué el timbre. Se me acercó un chico a preguntarme si esa era la parada para ir a Filosofía y Letras, le dije que sí y bajó detrás mío. Caminamos unos metros y volvió a acercarse. Me preguntó si podía seguirme. Le dije que camináramos juntos. Me contó que vivía en Londres, que hacía un MBA de Marketing, estaba de visita en Buenos Aires y venía a ver a un amigo que era docente. Yo no sabía qué era un MBA pero no le pregunté. Le coqueteé un poco. Hice algún comentario simpático. Se llamaba Aníbal. Tendría unos treinta años y usaba anteojos. No era ni lindo ni feo. Flaco, pelado. Me pidió el teléfono y me dijo que me llamaba para que fuéramos a tomar algo el viernes. Se lo di. Era martes.
Me llamó el jueves. Mis padres se habían ido por el fin de semana a Cariló. Podía hacer lo que quisiera sin dar explicaciones. Me invitó a un lugar en Nuñez, enfrente de River. Había pasado mil veces por la puerta. Nunca pensé que fuera a entrar alguna vez. Busqué ropa provocativa. Me maquillé. Quería estar linda. Hacía mucho que no tenía una cita. Y aunque era una cita rara, me entusiasmaba. También me daba miedo. No sabía nada de él. Y tenía un nombre horrible. Pero salir no significaba que tuviera que pasar algo. Le pedí a Fernanda y a Joana que estuvieran pendientes. Todavía nadie tenía celular.
Nos encontramos a las nueve. Había comido algo en mi casa y había ido en taxi. Los colectivos de noche me aburrían. Lo vi sentado en una mesa, tomando un trago. El lugar era espantoso, con poca luz y peceras con tiburones. Jamás iba a lugares así. Pedí un capuchino y hablamos de cualquier cosa. Yo no tomaba alcohol. Nunca. Mientras terminaba la taza de café extra large, sentí su mano en mi entrepierna. Tenía puesta una pollera sin medias. La conversación era intrascendente pero las caricias en el muslo no me disgustaban. Pagó y salimos. Caminamos dos cuadras hasta un telo. En la puerta me besó por primera vez. Entramos pero había espera. Paró un taxi y le pidió que nos llevara a un telo de la zona. Albergue transitorio, dijo. Cuando llegamos, se bajó a preguntar y tampoco había cuarto. Seguimos. En el tercero nos quedamos. Los viernes a la noche son así. Hay que esperar. Al taxista debió parecerle graciosa la situación.
Esperar en un telo es todavía más raro que en cualquier otra circunstancia. Las parejas no hablan y lo único que querés es que te toque a vos. En la depiladora es parecido. En ambos casos terminás desnuda. Hacía calor y la salita no tenía aire. Por fin pasamos. Era un telo medio, ni de los buenos ni de los peores. Pidió una de las habitaciones caras, tenía un jacuzzi enorme, violeta y un espejo en el cielo raso. La alfombra era roja. La calidad de los telos podría medirse por sus pisos. Los que tienen moquette están por encima de cualquiera que tenga mosaicos. Pero los de alfombras baratas, ásperas, son todavía peores. En esos casi no hay luz. Evita que veas la mugre.
Fui al baño y cuando volví Aníbal estaba sin camisa, con el pantalón desabrochado. Tenía un pañuelo en la mano. No reaccioné. Se había sacado los anteojos y tenía una mirada extrañada. Me perturbó. Pero el miedo me calentaba. Antes de que pudiera seguir pensando, se acercó y me sacó la pollera con una mano. Me empezó a besar con violencia. Estaba cada vez más excitada. No me tocaba. Sólo me besaba. Cuando me dijo de atarme me asusté. No pasa nada. Te lo pongo flojito. Dudé. No, mejor no. Quería que me cogiera pero también quería irme. Dale, me dijo, está todo bien. Dije un no más convincente y dejó de insistir. Me vi al día siguiente, con el maquillaje corrido, los ojos morados y mucha vergüenza y quise llorar. Por puta, pensé. El pañuelo quedó tirado en el piso. Entonces me tranquilicé. Intenté agradecérselo chupándole la pija pero no me dejó. Me tiró en la cama, me sacó la bombacha y la musculosa y empezó a tocarme la espalda, como si supiera exactamente qué me gustaba. No me dejaba tocarlo. Yo me retorcía. Tampoco me tocaba a mí, sólo caricias en la espalda. La excitación empezó a dolerme. Es un segundo en el que te acercás a la locura. Le supliqué que me penetrara. Esperemos, dijo. Pero con un movimiento brusco me dio vuelta, me puso en cuatro y me la metió. Mientras, me tiraba del pelo y me decía putita. Yo gritaba. Y miraba para arriba, el reflejo en el techo. Después volvió a darme vuelta, puse las piernas sobre sus hombros. Me dolía pero lo dejé seguir. Al rato me bajó las piernas y acabamos.
Quedé exhausta. Mientras fumaba un cigarrillo, tirada sobre las sábanas desechas de la cama redonda, le conté que cogía hacía poco. Había perdido la virginidad en México, en enero de ese mismo año. Nunca había estado con alguien tan desconocido en Buenos Aires. Era un completo extraño. Me contó de su vida en Londres. No tenía planes de volver a Buenos Aires. Cuando venía se quedaba en lo de sus padres. Le hubiera querido preguntar por qué le habían puesto un nombre tan feo pero me contuve. Era una agresión gratuita. Tampoco mi nombre es nada especial.
Dijo de meternos en el jacuzzi y acepté. Lo llenamos de agua tibia y espuma. Hacía demasiado calor. Nos quedamos una hora cantando temas de Los Beatles. Divertido. Cuando se terminó el turno nos vestimos. Guardó el pañuelo en el bolsillo sin decir nada. Yo miré para otro lado. Salimos. Era temprano. Podría haber hecho algo más, algún plan con mis amigas pero no lo había pensado. Igual estaba cansada. Nos despedimos en una esquina. Me dio un beso y me subí al taxi. Tarareaba Jealous guy mientras veía los autos que andaban rápido por Libertador. Dormí mucho y profundo. Al mediodía llamé a Joana y después a Fer. Les dije que estaba bien.

sol otoñal porteño mientras mi estadía se apaga

Me estoy yendo, sí. Si no fuera por el resto de mi familia que está en Mex, diría lo triste que me pone. Porque es cierto. Buenos Aires en otoño es un lugar increíble. El cielo límpido. De un celeste muy de acá.
Me reí con mis amigas, ahora, muchas, madres. Dieciséis años de amistad. Hijos que lloraban. Siempre falta alguna (o más de una). Pero que seamos sólo seis garantiaza que podamos hacer tete a tete con cualquiera y esté bueno. Creo que la última depuración fue en el 96. Después del invierno en Mardel.

La abuela está mejor. No sé qué decirles. No está muerto quién pelea. Es así. 98 años. Y come. Y no pierde el carácter. La vida da unas vueltas raras, siempre. Al menos la mía.

Desayuné con Merin.

La mano me duele un poco. Poco.

Dormí bien. Milo durmió bien. Tomé otra vez leche tibia. Me cayó pesada. Pero dormí pesado. Eso estuvo bueno.

Así las cosas.

jueves, 15 de abril de 2010

LOS SUEÑOS DE COHANACO", de Mariana Chaud y Leandro Halperín

Mi amigo Leandro es un genio y escribió esta obra con Mariana, que es, además, la directora. Grosos totales. Vayan a partir de mañana al San Martín. Después me cuentan porque por razones de logística, no puedo ir al estreno.



son las 3.16 y ya pasaron tantas cosas...

Estoy cansada. El bebé se despierta. Por suerte no tardé tanto en dormirme porque le hice caso a Miranda y me tomé un vaso de leche tibia con cognac, escencia de vainilla y sucaryl. Tardé menos que de costumbre. Pero ahora tengo sueño. Mucho. Antes de almorzar estuve al lado de la abuela y se me caían las lágrimas. Una pelotuda. Mis tres hermanos habían bajado al bar y yo caminé secándome la cara cuando me interceptó el enfermero que un rato antes había venido a sacarme el punto, para decirme que no lo comentara. Ah, me dijo, estás mal. Sí, sí, todo bien le dije y seguí caminando. Fuimos los cuatro a comer al Paseo Alcorta. No tengo ni idea cuándo fue la última vez que estuvimos solos. Años. Muchísimos. Estar todos juntos fue lo mejor del viaje. Algo me pasa, la estoy pasando mal. Bastante mal. En muchos aspectos. Tal vez es el cansancio que no ayuda.

A la tarde meriendo con Maros y Pau. Vi a tan pocos amigos. Hice tan poco. Me gusta tanto Buenos Aires. Aunque es increíblemente caro. Cualquiera. Ya me tengo que ir. En breve. A rescatar a hijo. Los días son largos. Trabajé. Tengo que recuperar un texto perdido. La abuela de repente se despierta pero la veo mal, agotada. Me da mucha pena. Pero ni modo.

En fin, chicos.
Así las cosas.
Reiterativas.

vayan agendando

El 3 de mayo es el primer Jam de Escritura en México. Acá el blog. Vayan, va a estar copado. En la primera fecha Mario Bellatin + Daniel Escoto con musicalización de Agustín Peña.

Así de improvisadas las cosas.

miércoles, 14 de abril de 2010

alcoyana alcoyana/ capri capri

Pediatra de allá y pediatra de acá coincidieron. Terapia de estimulación. El lunes tenemos turno. No estamos al cien pero vamos bien.

La mano me duele. La soledad de la tarde la conjuré con Intrusos (oops!). Me había olvidado de que acá la tarde, alguna vez, la podés pilotear con tele de aire. No la había prendido en toda la estadia. Fort hablando pavadas, de sus gatos (que no son animales sino un séquito de pibitos ostensiblemente gay que la juegan de guachi pistolas levanta minitas) y cosas así de ridículas. Pero que me borraron la sensación infame de abandono. Y aumentaron la certeza de que, por muchos motivos, quiero y necesito vivir acá por muy difícil que sea todo.

Yo soy muy de acá. A veces me escucho diciendo eso y me pregunto cómo llegué a tener que hacer semejante aseveración. Después de Rial, vino un mini rato una amiga histórica de madre que vive en Bahía Blanca y es un amor total. Con su hija que es lic en artes y me entero de que aparezco en un libro de Gonzalo Aguilar no sé bien en carácter de qué (pero buena onda). Extraño todavía más. Todo y mucho. A Osvaldo, el pediatra, lo queremos. Fui con madre. Y ahora voy a cenar con padres y hermano. Y así se fueron yendo los días y se aproxima el chau.

No entiendo mucho nada.
Mañana o pasado le voy a pedir a alguien que me corte el punto.
Así las cosas, chicos.
Un poco más tranquilas (creo).

ser sola

Sigue lloviendo. El bebé duerme. Ahora que pienso, estoy rodeada de gente que duerme y yo, justo, duermo tan mal. A la noche me desperté mil veces y me golpeé la rodilla con la cama. Me siento encerrada, de rehén, de mi hijo pero no tiene la culpa. No podemos salir porque llueve, no puedo ir al sanatorio porque me tengo que quedar con él. Mi madre no quiere que se quede con Olga. Todo delirante. Le velo el sueño. Me la paso en esta situación, con la compu prendida y la luz apagada. Sobre la alfombra. Angustia. Quiero vivir en Buenos Aires y tener un vida normal. Quiero gritar eso. Necesito moverme normalmente. Aplastada. Más tarde pediatra. Madre me acompaña. Poca comunicación. O la suficiente, nunca sé. Sacame al elefante que tengo encima del pecho. Ser sola no me gusta. No tengo energía para nada. Tengo que trabajar y no me da la capocha. Podrida. Me voy  tirar a ver tele, ¿me hará feliz?

Dame bola.

Así las cosas.

la abuela duerme

Y yo estoy sola con ella en la habitación. Está, increíblemente, un poco mejor. Yo sólo quiero que no sufra. Me da pena verla tan incómoda. Todo le molesta y tiene motivos. Entré y mis hermanas le hacían cantitos mientras comía. A los gritos. Le echaban porras. Creo que mi abuela quiere que nos volvamos cada una a su lugar de residencia, no nos aguanta más. En Buenos Aires, sigue lloviendo. Ayer me fijé el pronóstico y decía que mañana va a estar lindo.

Hoy me dio la sensación de que hay gente a la que al principio, pongo nerviosa. Después todo el mundo se da cuenta de que parezco salida de un programa de televisión infantil. O, tal vez, es sólo una impresión mía. Errónea. En un rato busco al bebé y me voy a pasear. Se va la nana. Después, pediatra. La mano me sigue doliendo. Suponemos: humedad.

No leo una página impresa hace días. No puedo concetrarme ni en la revista Noticias que anda dando vueltas por acá. Tampoco tele y menos que menos, libro.


Así las cosas.

martes, 13 de abril de 2010

pasado, canto, hermanas, historia, buenos aires, abuela

Cenamos con mis papás y mis dos hermanas. Por si alguien no sabe, mis hermanas son hijas de mi papá pero no de mi mamá. Pero son mis hermanas, siempre odié que la gente me retrucara: ah, son tus medias hermanas. No, pichi, son mis hermanas. Punto. El kinder no estaba. Fue un día duro en el sanatorio, yo estuve poco por cuestiones de logística. Vi a Analois a la tarde, vino con Olivia, la pasé super bien. Me faltó tiempo para hablar. Me gusta que mis amigas sean madres, me acerca, me une, me empareja, después de años de ser sola.

Y al rato fueron cayendo los demás. De a poco. Primero madre y Marce (mi hermana mayor mayor, que vive en Suiza), después padre y después Ale. Cenamos una carne al horno (con alguna hierba, acá todo es semi sofisticado), con papas y batatas pero cortadas como si estuvieras en Sucre y una ensadala de tomate y cebolla. De postre: queso y dulce de batata y de membrillo. Clásicos.  Después del café, empezamos a cantar, como antes, como siempre, como cuando éramos chicas. El repertorio es muy variado. Canciones de protesta, revolucionarias, la misa criolla, Sandra, Mercedes Sosa, canciones andinas. Marce es la que canta bien, cuando era adolescente cantaba en un coro. Nosotras, bueno, ahí vamos. Le ponemos onda. Madre y padre se emocionaron. Madre sacó fotos. No sé cuándo fue la última vez que estuvimos las tres solas, haciendo show. Más de diez años seguro. Yo también me emocioné, nos reímos mucho, terminamos bailando las pocas canciones judías que conocemos. Somos impresentables. Me dio nostalgia, me dieron ganas de que vivamos todos en el mismo país, me dieron ganas de ser chica, de comer chocolate amargo, de tener otros problemas distintos a los que tengo hoy. Y vuelvo a pensar que para mí la familia es fundamental, es el nucleo duro, lo que te constituye, te forma, te ahoga y te sostiene, todo junto y a la vez.

(excursus, charla por skype con marido, rispidez).

Roberta me pregunta como cuánto falta para que vuelva. Como poco, le contesto. Sigue lloviendo y mañana también seguirá. Que salga el sol, pienso. Es el otoño. Me indispuse. Malísimo. Me sigue gustando Buenos Aires a pesar de todo. Porque hay tensiones familiares también. Discusiones, roces, desencuentros.

La distancia le hace mal al matrimonio. Como muchas otras cosas. Relación difícil si la hay. A veces me pongo triste por eso. Otras, no.

Me voy a dormir, chicos. Así las cosas.
Espero que sea rápido, al menos hoy.

¿fotos?



Tuve que venirme porque se iba Delia y madre no permite que Olga se quede sola con Milo. Mañana lo llevo al pediatra. Buenos Aires lo altera. Espero a Ana que viene a merendar con Olivia. Hago tiempo. No me da la cabeza para leer ni escribir. Milo, además, lloriquea. Todo el tiempo. Estoy cansada. Necesitaría echarme un buen polvo. Tener un buen orgasmo. Calma.

En fin. Así las cosas.
En las fotos: el tío kinder, mi mano herida. Mi hijo menor. Yo.

llueve y llueve, acá y allá

Sin novedades. Trabajo. Me cuesta dormir. Milo lloró toda la noche. Agotada. Con la compu. Bajó la temperatura y ahora sí es otoño. Otoño. Ahí hace calor, pero llueve. Me gusta Buenos Aires aunque sólo paseo por las escaleras del Mater Dei. Tampoco vi a nadie. Mis hijos ahí van, mejor. El lunes tendré una nana joven, nuevamente.

Nublado.

Indispuesta.

En el piso al que pasaron a la abuela (que ahí sigue, agotada, pobre) hay una monja alegre. Buena onda. Me cayó mil. Le pregunté si me podía sacar el punto y me dijo que sí pero que en la mano es una semana. No le gustó el color del moretón y dijo que iba a preguntarle a un especialista en mano (?).  Me sigue doliendo un poco.

Estoy en un miasma descolorido.
Así las cosas.

lunes, 12 de abril de 2010

no me puedo dormir

se repite noche a noche, hace semanas. no es normal en mí. lo padezco. no leo libros. duermo con el bebé. escucho su respiración. la única luz es la de la compu.

pienso y pienso en cosas del transcurso de la semana. una angustia me persigue hace demasiado y ya no estoy acostumbrada.

se supone que dura menos. la adultez. los hijos. pero no, se instaló. y no la reconozco. ya no estamos acostumbradas a la convivencia.

quiero vivir acá.

no me gustan los mosquitos. y me picaron todos.

soy una gorda.

dicen que mañana va a llover ¿será cierto?

no me siento sola aunque pienso que tal vez debería de...supongo que la familia alcanza. por eso extraño tanto.

¿será la cercanía de la muerte? no lo sé.

muchos adjetivos que denotan extrañamiento. lo único que se me viene a la cabeza. y un hervidero de personas y situaciones que no son parte de este blog.

así las cosas.
insomnes.

supongo que este blog acá no existiría

y no sólo por el nombre.

Buenos Aires no me da ganas de escribir. Aunque la coyuntura sea tan particular que ni siquiera me de para pensarla. No tengo fuerzas. Sin leer sin poder pensar, vivo. Un poco. Comparto el tiempo con mis hermanas, mi madre. De mis amigas históricas sólo tuve algunos breves intercambios de mail. Y sin embargo, me resulta normal. Viaje raro. Perdida. Confusa. Extrañada. Buenos Aires, de todas maneras, me gusta mucho los días de semana. Más que los fines de.

La abuela ahí anda. Cansada pero ya en su habitación normal. Con Marce salimos corriendo de la terapia porque una mujer gritaba: atada no, atada no. Angustia. Ale se quedó. Es más resistente. El bebé mucho no se halla, se durmió recién a las 10pm, después de llorar desconsolado.

Ya debería dejar de hacer calor. Según yo.

Esto, chicos, esto no es normal.

La mano me sigue doliendo.

Cualquier cosa, buscame en el Mater Dei. O en zona.

Así las cosas.
Palermo chico.

no entiendo mucho

Mi vida está en un estadio muy extraño. Incomprensible para mí. Marce, Ale y yo estamos en la habitación de la abuela, cada una con su máquina mientras ella ronca. A mí, su sueño pesado me da tranquilidad. En un rato la van a pasar a una habitación común. Eso es bueno, aunque no se sabe qué va a pasar. Pero ya que sepa que no está en terapia, a ella le va a hacer bien. Mientras, acá estamos.

A la noche cenamos todos juntos, comida árabe. Hace años que no ocurría algo así, nosotras sin maridos ni hijos. Diego con Ela. Charlamos, nos reímos, discutimos de política. Los viejos tiempos. Mi familia de origen es bastante particular, somos todos medio personagios. Tendrías que conocernos. Pero con sentido del humor. Dormí bastante bien. Eso estuvo genial. Nos despertamos y vino mi suegro, me bañé y después salí a desayunar con mis padres y el bebé. Soy una cerda espantosa. Enorme. Pero bueno, todo no se puede. Hace un calor desubicado en esta ciudad. Me duele la mano, aunque cicatriza bien, está toda morada. Mi suegro dice que me reventé una venita, es por eso. Mañana le tengo que pedir a alguien que em corte el punto. Tal vez pasado. Impresión.

No tuve novedades de la señora que debería venir a casa. Espero que eso se de, me daría mucha tranquilidad. Diego pasado, los chicos pasándole mal. Me tengo que ocupar de comprarles regalitos.

Los extraño. Y ellos a mí.
Así las cosas.
Límbicas.

domingo, 11 de abril de 2010

mi abuela está mejor. no sé qué decirte

Hace una semana mi abuela se estaba muriendo, literalmente. Hoy le sacaron la sonda nasogástrica y está más lúcida que de costumbre. No sé cómo explicarlo, tiene un nivel de conexión que no es normal. Hace un rato hicimos unas palabras del crucigrama de la revista de La nación. No caminé más que una cuadra. No vi la ciudad. Nadie me llama ni escribe, soy lo menos popular que conocí. Me voy a lo de mi abuelo con mi hijo menor. Tita seguía caída. Diego me odia a la distancia. Me río con mis hermanas, eso es lo único bueno. Casi no dormí. Estoy muy cansada. Alienada.
Así las cosas.
Extrañas.

sábado, 10 de abril de 2010

Estoy angustiada, me duele el cuerpo de cansancio pero no me puedo dormir, como siempre. Hace días que me pasa lo mismo. La mano me duele un poco a veces. Me siento encerrada, me falta el aire. Mi abuela me parte el alma, Tita también. Milo un poco molesto, con el pecho tomado. Sé que no voy a poder hacer casi nada. Ahogo. Diego me trata mal, cero comprensión u apoyo. Ganas de descargarme. Agradezco tener un blog, no hay interlocutores cerca.
Así las cosas.
Horribles.

ya en Buenos Aires

Diego le vio placas a Roberta, ayer estuvo con fiebre y llorando porque me fui. Me preocupo. La abuela se siente mal pero está lúcida, contenta de que estemos todas. Es tan raro todo. Tan emburbujado, tan poco real. En este momento estoy en la sala de tele con madre y kinder, el bebé ya en la cuna. No creo que pueda hacer demasiado. Ni salir de noche. Mañana sigo. Mi familia es un delirio. Eso creo que ya lo saben.
Así las cosas.
Hospitalarias y porteñas.

viernes, 9 de abril de 2010

con el corazón partio

Mis dos hijos mayores se quedaron muy angustiados. Muy. Estamos en el lounge de Amex. Comí toda la botana que encontré, aspiradora style. Chateo. Milo se queja. Tiene sueño. Ya extraño a los otros tres. Es todo semi difficult. Me hubiera quedado más tranquila.

Entre tanto le digo a Luigi que es una estrella, que quiero ser como él. Aunque viajar en avión es lo peor. Bueh, sobre todo con bebé. A mí antes me gustaba, ahora lo detesto. Y eso que tengo conexión, lo que hace que no sea demasiado distinto a mi casa, al menos el aeropuerto. Es uno de los motivos por los cuales viajar dejó de ser interesante para mí.
En fin, chicos.

Estoy triste por mis hijitos. Espero que esté todo bien. Extraño también a Diego, estamos tan desencontrados. No gusta. Eso.

Así las cosas.
Difficult.

llueve

Tita está nerviosa porque me voy, el bebé durmió mucha siesta, espero que duerma en el avión. Se va directo en pijama y polar. Yo intenté descansar con poco éxito, Lupita hizo de todo. No tengo novedades de la señora que posiblemente venga la semana que viene. Diego llamó cuando aterrizó el avión y nunca más supe de él, ya sé: ¿por qué me va a parecer extraño? Estoy agotada. Me bañé, me puse jean, musculosa y una remera vieja de manga larga (es un rubro en el que ando cortísima), me faltan las botas, ya cerré la valija. A las cinco salgo para la oficina, busco a Ale, si Diego terminó, nos llevará, si no, nos tomaremos un taxi.

Me caigo a cachos.
Así las cosas.

no doy más

Nos fuimos muy temprano a la cama, agotadas, nos acostamos y no leímos ni prendimos la tele. Intentamos dormir pero nada. Eran la 12.30 y yo seguía despierta. Ale se había dormido hacía un rato. Me dolía un poco la mano y no podía dejar de pensar en muchas cosas a la vez. El bebé lloraba bastante, se despertaba, está con tos y mocos. Y dientes que crecen. A las 4.15 bajé a hacerle una mamila y cuando me vi la mano, estaba toda ensangrentada. La curita salida, todo manchado. Las sábanas también. Ale medio que me hizo llamar y claro, no me dijeron nada. No dormí más. A las seis, decidí ir, pensé que se me había abierto la herida. Me había lavado un poco pero no todo, la sangre me produce vacío estomacal, baja presión, etcétera. Me revisaron y me dijeron, simplemente, que tenía que tener la mano en alto. Bueno, no me lo habían advertido la noche anterior, lo que hubiera sido lo lógico. Pedí que me vendaran para sentirme un poco más segura, la herida estaba bien, me lavaron, la vio un médico y ya. Cuando salí, con la venda enorme, la señorita de la puerta me dice que tengo que pagarla. Para qué. Me puse a gritar como una loca, que no podía ser, que era culpa de ellos, que no me habían dado las indicaciones correctas y que iba a llamar a la PROFECO. Escándalo. Antes de las siete de la mañana. La de la caja llamó a alguien que dijo que ya subía, yo con mi peor cara y cuando corta, me dice, sin abrir los labios: váyase, váyase. Se fastidió porque no entendí de una pero bueno, convengamos que no ando del todo lúcida y motivos no me faltan. Llegué a casa a las siete. Ale se fue a su casa a hacer todo lo que tenía que hacer y los chicos amanecieron a las 8am. Ya hice la valija, saqué las cosas para la mochila y ahora, en este mismo momento, no tengo internet. Lupita me dijo que venía, salvadora ella, a las 10 o 10.30. No puedo más. Lo llamé a Diego desde el hospital, no entendía nada. Le pedí que viniera temprano, me dijo que tenía una junta a las 1pm.

Ni sigo.
Así las cosas.
Soy sola.

jueves, 8 de abril de 2010

claro, todo, siempre, puede ser peor

Volvimos del cumpleaños y bañé a los chicos. Primero los grandes y después a Milo. Saqué hamburguesas del freezer, y me dispuse a separarlas. Con un tramontina. Diego siempre sufre cuando me ve hacer eso y me advierte de los peligros. Hoy no estaba. Y claro, me clavé el cuchillo, de punta, en la palma de la mano izquierda. Me lavé. Y como no sabía qué hacer, llamé a María. La pobre había tenido un muy largo cumpleaños de su propia hija, más los otros tres y uno tiene un mes. Me llevó a lo de Flor, dejamos a los chicos en su casa (sumaban siete) y Flor, me llevó al Angeles. Debo decir que me dolía. Bastante Me dieron un punto, me cobraron 180 dólares y me volví a buscar a los chicos. Ale ya estaba acá. Los acosté y ahora terminamos de comer un pedazo de tarta de espinaca, fumamos un cigarrillo y un poco nos reímos de nuestro estado deplorable. Mañana llega Diego y a las 10pm sale el avión. Tengo que hacer la valija, la mano averiada no ayuda. Me voy a clavar el antibiótico y el antiinflamatorio y en un rato me voy a ir a la cama a tratar de dormir.

Bueno, chicos.
Así las cosas.
Enkilombadas.

vayan todos por mí

llego el sábado a la mañana y me voy el otro sábado a la mañana

Mi vida es un caos. Absoluto. Pero me siento liberada.

no sé si es comedia dramática, drama liviano, drama intenso, comedia a secas

Diego, sabemos, está en Monterrey. Yo, muy cansada, me eché en la cama a mirar una peli después de darle de comer y acostar a Milo. En esas estaba cuando sonó el teléfono, primero era paa Jobis, bajé a avisarle. Atendió. Volvió a sonar. El tío de Jobis, para mí. Que no estaba de acuerdo con que Jobis se quedara en casa con los chicos si yo no estaba, con todo lo que andaba pasando, el caso Paullette. Intenté explicarle que no se quedaba sola, que se quedaba mi marido (presumo que ahí el problema), discutimos, cortamos sin llegar a un acuerdo. Bajo a hacerme pan con queso, me manduco unos after eight, un poco de chocolate amargo (las circunstancias no están como para que haga dieta) y veo que el cuerto de servicio está muy apagado. Raro. Subo y a los diez minutos recibo un mensaje de texto que decía algo así como: perdón señora, que mala onda irme sin avisarle, ustedes que fueron tan buenos, fue un gusto trabajar. gracias por todo. O semejante. Taquicardía. Bajé corriendo, cuarto vaciado. Salí a la calle a gritar: Jobis, como una loca. Llamé a Diego al celular. Llamé a Pau. Lo peor es que después de tantos años acá, nada me parece inverosímil. Tardé mucho en dormirme, me desperté muuuchas veces, le hice mamila al bebé temprano. Soñé que alguien inesperado me escribía un mail buena onda. Me levanté, hice camas, cambié bebé, skypié con madre y hermanas, lavé los platos que había dejado Jobis anoche. Y acá estoy intentando sacar pasaje para mañana, con mil cosas por resolver, me tengo que bañar, comprar regalo, comprar hierro, hacer valija, conseguir a alguien, cambiar turnos. Bueno, de trabajo ni hablemos.

Y mientras, mi abuela se muere. Pobre. Mi hermana mayor me llora desde Washington a donde se fue de vacaciones y culpa al Patio Bullrich de la caída. Le digo que tiene 98 años, que la gente se muere. Me dice que hay quienes viven hasta los ciento y algo y le contesto que hay quienes se mueren a los setenta. Amiga me llama porque lloró de madrugada por cosas de trabajo, que no puede más de la ansiedad. Yo sentí toda la noche que estoy al borde de explotar. De verdad. No sé cuándo fue la última vez que sentí ese nivel de estrés. Los chicos siguen en lo de Lisa y ahí se quedarán un rato más.

En fin.
Así las cosas.
Indescriptibles.

miércoles, 7 de abril de 2010

soy una chica fuerte

Como dice coachie. Siempre lo fui. Y ahora, más.
Pero me canso. Mucho.
Altas posibilidades de llegar el sábado a Buenos Aires. Ahora debería hacer cosas productivas. Pero voy a mirar alguna peli. Me caigo a cachos, chicos.

Hay historias mucho peores allá afuera. El bebé platica en su cuna. Coco y Tita durmiend en lo de Lisa. Posiblidad de ir a comer sushi a la Condesa (ayer me di cuenta: qué poca condechi que tengo encima). Mañana igual, cena de chicas. Despedida. Marian.

¿Querías onda? Sorry, te equivocaste de blog.
Eso.
Beso.

update médico

Cosas buenas y cosas malas.

Las malas.

La abuela no está bien, posiblemente esté viajando a Buenos Aires el viernes.
Milo no gatea, ni camina, ni se arrastra. Hay que hacerle una valoración y después, estimularlo. Ayer, en el dentista, a Simón le encontraron una caries gigante, tengo que llevarlo a sacarse una placa panorámica y después, arreglarle la boca y hacerle limpieza.


La buena.
Milo creció 3 cms, se metió dentro de la media, ya no nos preocupamos por eso. Seguimos con el hierro y alimentádolo con todo, como venimos. En veinte días cumple 1 año. La motricidad fina la tiene perfecta.

Estoy angustiada, preocupada, sobrepasada. Tengo mucho trabajo y poca cabeza. Diego sigue en Monterrey hasta el viernes.

Qué se yo. La vida. Ni modo.
Así las cosas.

en etapa negra

Tardé mucho en dormirme. Mucha angustia. Tipo attack, digamos. Lo que ya dijimos: no entrar en el cuerpo. Como cuando tenía 11. No prendo la tele ni leo porque me remite a esos años oscuros, atormentados, previos a la pubertad. Ya conté que mi madre, para que no la jodiera me prendía la tele (que yo odiaba) o me daba libros inapropiados porque estaba dormida y agarraba cualquier cosa. Desde la biografía de Marie Curie (escrita por su hija que la odiaba) a libros de sagas familiares, plagados de escenas sexuales. Y yo, obendiente, leía. Y le hablaba a mi Snoopy de peluche, diciéndole que la vida era una mierda. Desde chica, viene, eh. Ahora ya no pienso eso, sólo pienso que conjurar la angustia es una tarea difícil, a veces. Otras, en cambio, ni lo pensás. Vivís. Y ya.

Me pongo a trabajar antes de llevar a Milo al pediatra. No pude hacer gym, tuve que ir al super, me llevé a los grandes. Muchos frentes.

Así las cosas.

chocar con el muro, duro y puro, de tus propias imposibilidades

Genera angustia. No me puedo dormir. Abrí la ventana, saqué el edredón (ya debería exiliarlo hasta que vuelva el invierno) pero nada. Diego no está. Un espacio vacío que no me incomoda. Porque la opresión pasa por otro lado. O por muchos lados. Y el pecho se vuelve el punto de fuga de todas mis debilidades. Cuesta respirar. A veces. Ser lo que espero no es lo mío. Nunca, jamás lo fue. Envidio, podría ser el término, a la gente que confía en sí misma, que se enorgullece de su trabajo. Por ejemplo. O de algo. Nunca me pasó. Y de verdad: nunca. Jamás. Si no fuera que todavía hay más cosas reales y graves, tal vez lloraría. Pero ni eso. Ser tan boluda.

Ay chicos. ¿Dónde está el off? ¿Quién te resetea? Si hubiera un soporte técnico de autoestima. O un chip que te ayudara a hacer ciertas cosas bien. Dios.

Me ahogo todavía más. A veces siento que leo todo mal. Que no entiendo nada. No lo descarto.

Mañana tengo un día intenso.
Así las cosas.
Cero al as.

martes, 6 de abril de 2010

me compré una vida

Pero no sé si me la banco. Tener muchos pequeños trabajos mal pagos más tres hijos más un marido más una casa, no sería del todo fácil. Te comento. Ni que hablar si querés, además, hacer otras cosas. Me duele el cuerpo, la cabeza y estoy un poco preocupada por motivos varios. Dos empanadas se cocinan en el hornito, mucho para leer. También un libro nuevo, cortito, que acabo de adquirir. Pendientes. Pendientes y más pendientes. Ninguna novedad de mi abuela. Cansancio extremo.

Así las cosas.
Sobrepaseitor.

un poco mejor

Mi abuela (milagrosamente) amaneció un poco mejor. Hay que ver el resultado de la operación intestinal pero hoy el parte fue levemente esperanzador (el domingo a la mañana mi mamá llamó para decirme que de cualquier forma se iba a morir). La tienen sedada pero cuando entraron mis padres a verla, llamó a mi mamá (que es su nuera) y le preguntó si el cumpleaños de mi abuelo ya había sido (cumple 90 en junio). Mi papá le contestó que no se preocupara, que se iba a comprar ropa nueva. Mi familia, lo sabemos, suele ser delirante. De hecho, ao vivo, se la pasan haciendo chistes negros. En esas estamos.
Así las cosas.
Expectantes.

lunes, 5 de abril de 2010

mi vida es un verdadero kilombo

Tengo mucho trabajo. Mi abuela se está muriendo. Es lo más triste que me pasó en mucho tiempo. Es injusto que alguien que vivió tan bien hasta ahora la esté pasando mal. Pienso y se me llenan los ojos de lágrimas. Lloré arriba de la elíptica, en el sauna, en el coche. Me voy a ir a Buenos Aires en estos días. Pero Diego se va a Monterrey. Milo viene conmigo. Y los chicos se quedarán con Jobis. Les pediré a María y a Lisa que les echen un vistazo. Marido vuelve el viernes. Me duele mucho la cabeza, no dormí nada. Angustia y desasociego por motivos varios. Cansancio.

Y tristeza. Mucha. Claro.
Así las cosas.
Duras.

domingo, 4 de abril de 2010

domingo de pascua

Fue una semana santa complicada. Pesada. Agobiante. Aburrida. Y difícil. Mi abuela está mal. En este mismo momento la están operando. Y nosotras, todas, estamos lejos. Chateo con mi hermano que está ahí. Chateo con mi hermana que está acá. Hoy a la mañana se iba a morir indefectiblemente. Ahora, no sé. Tiene 98 años. Mi abuelo se murió antes de que yo naciera en un accidente de autos volviendo de Punta del Este. Mi abuela iba en el coche también pero no le pasó nada. Hace unos años tuvo un infarto. Cuando yo tenía 7 años, perdía la memoria. Sobrevivió a muchas cosas. Estoy muy triste.  de más está decir que debería estar en Buenos Aires. Pero estoy a muchos miles de kilómetros.
Me pasó dos días encerrada en casa sin salir. Vi muchas películas, me angustie. Es la última vez que no me voy para estas fechas. Mala decisión. Como siempre. La imposibilidad de mover.
La muerte inminente te enfreta con la muerte en general. La hace patente. Pensás. ¿alguien está preparado para eso? Supongo que no. No.

En otro orden de cosas, nunca más voy a ningún lado en el que soy invitada de segunda. No tengo 20 años, no voy a casamientos después de las doce. Ni a cumpleaños en el que estoy una hora y media porque todos los demás llegaron tres horas antes. No hay obligación de invitarme, no me invites, hago otro programa. Sabor amargo. Para colmo, llegamos después de que buscaran los huevos y Simón lloró frustrado. No da.

Tristes las cosas.
Muy.

...

Estoy muy triste.

sábado, 3 de abril de 2010

Ya queda poco

De fondo, Pasto. Es del 92, erámos tan sónicos. Tan Adrián con jardienro de jean y el pelo largo. En quinto, los de la primera cantaron temas de ellos en el cumple de Pau. Me acuerdo de estar en su cuarto, el chico, sacando las letras. Creo que Tony se puso una bolsa de residuos de atuendo. Y no mucho más. Pasaron muchos años.

Ayer unos chicos, a quienes les pedí que me pasaran una pistola de agua que había quedado adentro  de la pileta, me gritó: señora. Estaba de espaldas y me había olvidado de mi propio pedido. ¿Qué? ¿Señora? ¿Un nene? Oven. Claramente.

Y claro, estoy agotada. Me quedé a la mañana sola en casa con Milo y Die se llevó a los chicos al club. Ahora, el bebé duerme y los otros se fueron un rato: Simón a lo de Dante y Tita con Feli y Juana. Sí, clásicos. No tienen muchos más amigos con los que hacer programas el findex.

"Las cosas que me pasan son mejor que las de ayer"

"Me tiro sobre el pasto y veo cómo gira el frente"

El asado estuvo bien. Petit comité. Tuchi nunca llegó. Hay cosas a las que te acostumbrás sólo acá. Si en Buenos Aires alguien te dice que va a tu casa y sin llamar, no va, te preocupás. Bueno, en México es normal. Te digo, por si te estás por mudar. No pasa nada, es que, bueno, no vino. Y listo.

"Natural, natural, natural..."


Me duele el cuerpo. Siento la grasa. No me peso para no deprimirme más. Es así, la gordura me pega mal.

Miraremos la peli de Gus Van Sant que suspendimos ayer porque me estaba quedando dormida. Una peli que está buena y me torro. El dvd de la sala de tele no lo leía y tuvimos que subir a la cama. No es buena idea. Veo tanta mierda. Diego prefirió esperarme.

Ninguno de los grandes viene a dormir. Copado.

Qué larga la semana santa, por favor. La casa está sucia pero nada imposible. Eso me alegra.
Bueno, chicos. Así las cosas. Estoy muy quedama, pienso poco.
Así las cosas.
Planas.

viernes, 2 de abril de 2010

viernes santo

Intento leer los diarios. Un poco. Proliferación de curas pedófilos (lo que me resulta aberrante), mujeres caucásicas suicidas, inflación, Ricky que se asume puto, el tráfico de semana santa. Cosas así. Claro.

Yo lucho con mi angustia.

No ahora. En este momento, no. En general. Ayer a la noche creí que me iba a volver loca. El cuerpo que no encuentra cómo ponerse, la incomodidad que crece, respirar profundo. Nos pasamos el día en el club sin hacer deporte. Mal ahí, eso me hubiera servido. Pero mucha paja, muchos hijos. Los chicos nadaron, Milo ahí estuvo entre la toalla, con sus juguetes, upa y la carreola. Estaban María José y Sandy.


Volvimos y buscamos pelis para bajar. De repente no se te ocurre nada o no las encontrás. O lo que sea. A mí, lo dije muchas veces, me gusta el cine nórdico, el francés, el alemán, el inglés. De verdad. Acá, no llega nada. Impossible. Pura merda hollywoodense. Después de (no) mirar en la tele una de Adam Sandler con Zohan en el título, pusimos Where the wild things are, con Tita y Coco. Yo me dormí un poco, Roberta se durmió del todo y el que más la disfrutó fue, por lejos, Simón. Después, miramos una comedia romántica italiana, mala pero alegre que, junto con un buen baño, me revitalizó.

Es que.

Hijos 24hs me angustian MUCHO. MAL.

Me ahogo. Pienso: no nací para esto. Y creo que es verdad. A mí me gusta la libertad, hacer lo que se me canta, coger, estar tirada leyendo, mirar pelis. De todas maneras, dejamos a las crías en un cuarto, cerramos la puerta y garchamos. Eso me pone de buenas.

Ahora marido prepara desayuno mexicano con todos los hijos alrededor: huevos a la mex, molletes y alguna otra cosita. Le lleva mucho tiempo, yo puse un disco (que no escucho) y me vine a refugiar a la compu.

Me están llamando. Voy a comer de más para después deprimirme porque me sobran 5 kilos (eso también me tiene pésimo).

Así las cosas.
Agobiadas.

jueves, 1 de abril de 2010

En Buenos Aires

lo que queda de familia está en una habitación del Mater Dei, esperando a que busquen a mi abuela para llevarla al quirófano. Ahí debería estar.
Pero no.
Estoy en mi casa del suburbio mexiquense, leyendo diarios digitales en la cama, con mi marido al lado, haciendo lo mismo. Mis hijos mayores pusieron la mesa del desayuno y nos presionan para que bajemos. El bebé duerme la primera siesta del día. Todavía no me lavé los dientes y escucho canciones tristes de Regina Spektor.

Wrong place, babe. Wrong place.