Ayer a la noche, como un fósforo que se prende de repente, se encula y no recula para ser clara. La dormida fue una tortura, Roberta se pasó a nuestra cama super temprano, de hecho yo aún estaba despierta pero sin fuerzas- Diego nunca se toma ese trabajo, es de lo que considera que no le corresponde, como atender el teléfono o muchas otras- me dieron contracciones, el dolor de pelvis no ceja y empeora día a día (esto es nuevo, eh, en los otros embarazos no tuve dolores constantes) y no entraba bien. Diego se quejaba del frío como si yo fuera la culpable (sí, así de inentendible puede ser un marido, believe it or not) y en un momento Tita empezó a llorar porque Diego no sé qué hacía con el brazo y le molestaba, le dije que viniera de mi lado y marido no osó correrse un poco más afuera por lo cual mi enorme humanidad y yo, no entrábamos en el hueco que nos dejaban los más Alvarez de la familia. Sí, tienen un carácter muy parecido, nada que ver con el de Coco y yo que cuando estamos de buenas somos adorables. En fin. Una noche de merda. A todo esto, mis padres habían llegado a las once y entraron por la ventana pero no les hice muchas fiesta por todas circunstancias. Sé que debo desprenderme de su mal humor y que no soy yo específicamente el detonante de su raye (soy yo más otros factores) pero venía todo tan bien y tan tranquilo que me apena y me estresa que las cosas se pongan así.
Padres trajeron miles de regalos de ropa para niños y yo. Mucho para el no nato que ya tiene un cajón lleno de conjuntos de algodón. Una cartera hermosa para mí y un par de básicos de tamaño gigante (el que porto, para ser sincera). Me quedan tres meses y tengo muy poco para ponerme y lo más grave es que después de parir tengo igual de poco. O peor, no sé cuándo me entrará mi ropa pero de todas maneras, de la de tamaño normal ya casi no me queda. Veré en su momento, más duro va a ser el mientras.
Ayer intenté mirar televisión mientras comía, a eso de las dos, un plato de fideos. Imposible. No nací para mirar tele, me aburre soberanamente. Soy incapaz de hacer zapping y no me engancho con nada. A la noche consumimos mucho Cnn y el noticiero de Televisa (inverosímil, lo sé). Y nada más. Así que por ahí no tengo problemas, no voy a idiotizarme aún más por culpa de los rayos catódicos. Cuando mis padres terminen de bañarse entraré yo e iremos a Costco y a Campanita. Tendría que hornear pasteles (también puedo hacerlo mañana) y después buscaremos a Simi y lo dejaremos en la oficina, le toca hacer un casting.
Así las cosas. Podridas una vez más. ¿Por qué será que la armonía dura taaaan poco? Tristísimo.
una tontería mi comentario pero no lo puedo evitar. a pesar de que es un plomo tener a los padres en la casa interrumpiendo la rutina familiar, es una suerte que los puedas ver tan seguido. yo veo a mi papá sólo unos pocos días al año, a mi mamá un poco más, aunque no mucho más, y siempre pienso que posiblemente va a ser así de aquí en más y me da mucha tristeza.
ResponderBorrarla cronista