lunes, 29 de junio de 2026

No, no es depresión

Pasé el domingo completamente sola en casa, en pijama, sin salir ni ver a nadie.

Tuve un arranque de malhumor y una mala reacción en un momento: pedí perdón, medité y seguí el día. Terminé No entender de Sarlo y empecé Despedidas de Julian Barnes. Estas ráfagas de fastidio son hormonales, no me gustan ni me representan, sé que pasarán. Estoy con baja tolerancia y es muy incómodo. Hay que sobrellevarlas. Como la soledad, que en un punto sé que es elegida. Antes me autocompadecía, ahora ya no, para nada. No me doy pena. Tengo una vida vivible, tengo las herramientas emocionales, que coseché a fuerza de terapia. De todas maneras, últimamente tengo un poco de angustia de panza. Se relaciona con el trabajo y el dinero. Una sensación de labilidad y desamparo que no es real pero que no me suelta.

Mientras, estudio. Tengo que rendir los cinco finales. En Psicología la profesora me dejó un ocho. Me enoja. En Psicoanálisis, Historia de la Psicología y Psicología del aprendizaje me quedó nueve y en neurociencias, diez. A ver cómo me va en los finales. Desestimé lo difícil que es estudiar de grande, pensé que era lo mismo: no lo es.

Voy a ir a nadar. Estos días me pesa no tener auto pero pensar en aumentar mis gastos $500 dólares al mes para lo poco que lo uso me parece un delirio.

Hay algo de ser más grande que está bien.

Así las cosas.

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