miércoles, 7 de septiembre de 2011

de cómo cambiar la perspectiva y el amor

Quiero colgar una foto pero blogger no me deja. Es una foto genial de marido, imperdible. Espero que me deje al rato. Ayer, después de darme pena durante unas cuantas horas, decidí activar y empecé por los baños. Regalé y tiré una cantidad gigante de cosas. Cuando ataqué los juguetes de los chicos me di cuenta de que hacía poco había hecho una razzia impiadosa y ya no tenía qué regalar. Mejor. Igual me faltan quinientas cosas y eso me pega pésimo: en nuestra propia dimensión desconocida hay un mundo de objetos perdidos que incluye una bolsa de dormir, ropa (mucha), juguetes, etcétera. Hubiera querido hacer más cosas pero la contractura me tenía al borde del llanto constante. Eso y llevar y traer a los chicos de tenis. Primero a los dos juntos, después buscar a Tita y una hora más tarde a Coco. Marido llegó temprano y trasladó toda la biblioteca. Creo que nunca vi libros tan sucios en mi vida. Pasamos todos menos los de mi cuarto. Después alimentamos niños, hicimos con Luzma el lunch para el after de hoy, lidiamos con Milo a quien toda la movida lo puso muy nervioso y comimos quesos y milanesa cortadita con la arqui, que cree que no se puede creer el nivel de personajes con el que se cruzó.

Entonces, decidí tomarme esto como un aventura. Sí. Me mudo a una casa a 100mtrs de la mía, enorme, luminosa, no tengo que cambiar las rutinas, sigo en la plazuela, no puedo quejarme. Y la casa va a quedar espectacular. Estoy contenta porque pensé que no iba a saber qué quería pero no, gratísima sorpresa se me ocurrieron un montón de ideas y con marido nos pusimos de acuerdo en todo con una facilidad impensada. Así que me tomo todo con este positivismo cuasi repugnante. Sigo estresada, obviamente, las mudanzas son terribles pero bueno, marido viene hoy temprano, mañana hacemos la mudanza, dormimos ahí y el viernes se va a Bs As por una semana. Medio malísimo pero es lo que hay.

Antes de dormir marido me hizo desfile primero con los anteojos y la vincha (sigo sin poder postear la foto), después con una cadena de plata con una cruz (que no me causó nada de gracia), al rato sacó unas esposas y las levantó procaz y después se me acercó con un reloj diciendo lo divino que era y que por favor me lo probara cosa que por supuesto no hice porque hace quince años que no uso reloj y no me interesa probarme uno que ni siquiera me gusta. Ahora dejó su colección en el baño, desplegada, no sé bien para qué.

Bueno, tengo que arrancar. Comer papaya con café no estaría siendo recomendable para mi aparato digestivo. Voy a llevar al pibito a la guardería y voy a pasar por el club aunque sea a bañarme. Después vienen Lupita y Laura para hacer comando mudanza, la perspectiva de la ayuda me alivia un poco (igual me desperté a las 5am y no dormí más).

En fin chicos, nadie puede acusarme de que no le estoy poniendo pilas a la vida! Desocupadísima y todo.

Así las cosich.

martes, 6 de septiembre de 2011

1994 (cuento largo)


Cuatro/Corrientes y Callao
El morocho del recital, después de tocarme las tetas delante de todos mis amigos, me había pedido el teléfono. Durante una semana, cada vez que llegué a casa pregunté si había alguna novedad para mí pero nada. Por fin, un miércoles a la tarde atendí y era él. Hablamos un toque y me invitó al cine esa noche. A mis viejos les dije que salía con Nati, si no les iba a tener que dar explicaciones y no tenía ganas.
Nos encontramos en la esquina de Corrientes y Callao. Pensé en ponerme la mushcu perra, le decíamos así porque era verde, de lyrcra muy apretada y  me marcaba las tetas: cada vez que la usaba estaba con un pibe. Pero me iba a cagar de frío. Llegué antes y lo vi de lejos, caminaba como si estuviera escuchando música.
Su beso en la boca me sorprendió. Después me dijo hola. Anduvimos de la mano hasta el cine, sacó las entradas y compró garrapiñada en un puestito de la calle antes de que entráramos. El asiento hizo un chirrido agudo cuando me hamaqué un par de veces, no lo podía evitar, era como un tic que tenía desde chica. Había poca gente y nadie se quejó del ruidito de la bolsa cada vez que sacábamos un maní. Comí poco porque me dio miedo que se me quedara caramelo entre los dientes.
Vimos Je t'aime moi non plus. Jane Birkin me mató, de tan flaquísima parecía ser solo de huesos y piel, sin músculos. Y con el pelo rubio y despeinado era mi ideal de mujer. Decidí buscar todas sus pelis, por ahí las chicas se copaban con el plan. Ramiro miraba un poco pero prefería besarme y tocarme la entrepierna. Yo no me daba cuenta de si estaba húmeda por sus caricias o por lo que pasaba en la pantalla.
Después caminamos mucho, él me abrazaba por la cintura. Las luces de la avenida y las marquesinas de los teatros decadentes borraban las estrellas. Había basura por todos lados y muy poca gente. El tiempo pasaba como en fast forward mientras tomábamos un cono de vainilla a pesar del aire helado. De lejos parecíamos novios. Siempre envidiaba a las chicas que podían decir “mi novio”, les veía un halo de distinción que ahora yo también emanaba. Entramos a un par de librerías. Me decía que yo le gustaba, me besaba la oreja y yo me emocionaba con sus besos seguros y su mano grande y pesada agarrándome con decisión.
Entre beso y beso hablamos un poco.
-¿Ya terminaste el colegio? –se me ocurrió preguntarle.
-En realidad no, dejé en cuarto porque entré a rehabilitación.
Siguió aunque yo no dije nada.
-Empecé a tomar cocaína a los catorce y mis viejos me mandaron a los quince pero me escapé un par de veces y volví y así hasta que decidí que estaba bueno dejar. Ahora estoy siguiendo el programa como corresponde. Salgo los miércoles y los sábados y hace meses que no tomo.
-Ah ¿y qué hacés ahí?
-Tenemos grupo todos los días y cada uno cuenta lo que le pasa y después actividades. Yo me ocupo de la huerta y también hago alfarería. Cuando salga quiero terminar el colegio y después estudiar psicología.
-Está bueno –dije por decir cualquier cosa.
Imaginarlo en la granjita me deprimía así que intenté pensar en otra cosa.
Se tomó el treinta y siete conmigo. Apoyé la cabeza en su hombro y miré por la ventana lo poco que pasaba afuera. Nos despedimos en la puerta de casa, transamos mil horas, sentados en el escalón hasta que tuve más ganas de estar durmiendo que ahí congelada. Quiso subir pero le dije que no, que me levantaba muy temprano para ir al colegio.

1994 (cuento largo)


Tres/ Rateada
Teníamos clase de inglés en la primera hora pero Nati llegó desencajada y con los ojos como dos huevos saliendo de las órbitas, era obvio que había estado llorando toda la noche. Tiramos las mochilas al lado de nuestros bancos, le dijimos al preceptor que nos íbamos, que cualquier cosa nos buscara en Oktubre y nos escapamos antes de escuchar su queja.
La profesora no nos ubicaba porque nos rateábamos casi todas las clases. Le decíamos cojan en lugar de Bohan y jamás la vi contenta o sonriente, tenía cara de Setter deprimido y se pasaba las dos horas enteras al borde del llanto: volaban papelitos, ninguno hacía un solo ejercicio ni entregaba las tareas y de repente se escuchaba un cooooooojannnnnnnn desde algún banco del fondo. Como en las pruebas nos sacábamos notas altas, tenía que aprobarnos a todos. De vez en cuando me daba un poco de lástima.
Nos sentamos en una de las mesas de la ventana, solo otra más estaba ocupada con unos pibes de la tarde y como la música estaba a un volumen razonable, se podía hablar. Cada vez que íbamos solía escribir en las ya muy escritas mesas de madera, hacía dibujitos o  garabateaba palabras sueltas, tomadas al azar de lo que escuchaba. Pero ese día no dio. Después de pedir dos cortados mitad y mitad y un panqueque con dulce de leche, la miré mientras se sonaba la nariz con un ruido gutural y por fin pregunté:
-¿Qué pasó?
Hizo una pausa para tranquilizarse y limpiarse los mocos con la manga del buzo y por fin habló:
-Mi viejo se fue con Claudia.
-¿Qué? ¿Quién es Claudia?
-La vecina, la groncha del cuarto. La mamá de las idiotas. No da, boluda. Encima tengo miedo de que mi vieja haga cualquiera.
-Pará, pará, contame bien, no entiendo nada.
-Ayer llegó temprano, cosa que nunca hace y se encerró a hablar con mi mamá. Después nos reunió a los tres en el living y nos dijo que se iba. Así, como así. Está loco. Encima a mamá no la vi más. Solo escuchamos algo que golpeaba contra el piso. Nos dio un beso a cada uno y se fue, ni siquiera se llevó nada. Todavía no lo puedo creer.
Cuando terminó de hablar se largó a llorar otra vez con hipos y borbotones de lágrimas. Le dije que no se preocupara, le agarré el brazo por sobre la mesa y le juré que no iba a pasar nada grave pero crucé los dedos de los pies porque en esa familia estaban todos locos y el panorama se veía bastante negro.
La vecina era impresentable, ahora entendía por qué estaba en el último cumpleaños. del viejo Antes de encerrarnos a comer la tarta de frutillas de a cucharadas, directo de la fuente, y a quejarnos de que ninguna tenía novio, Nati nos la había presentado de pasada porque ella se emocionó al vernos y nos dio unos abrazos desubicados. Tenía el pelo decolorado, una camisola larga animal print y una sandalias doradas que debían brillar en la oscuridad.
Me tranquilizó que Nati no hubiera perdido el hambre: mientras lloraba se comió su mitad del panqueque además de un cacho del mío y tomó el café en tres tragos. Después volvió a hablar.
-Encima, imaginate tener a las idiotas de hermanastras, boluda, qué bajón. Me quiero matar.
-Sí, la verdad, es un desastre.
Terminé de decirlo y me arrepentí, obvio. Nati me miró incrédula y yo le solté el brazo porque a veces se sacaba y de repente me tiraba un pellizcón. Pero no hizo nada.
Es que era cierto: las idiotas eran una lacra. Habían ido a la misma primaria que Nati y los hermanos y un par de años hicieron pool. Alguna vez nos las habíamos cruzado en el ascensor y siempre comentaban estupideces del Hard Rock de Cancún o decían que el último disco de los Back Street Boys era lo máximo. Hacía poco, a la mayor le había alcanzado un viaje de cuatro pisos para contarnos que se iban con el padre a Punta Cana, que pensaba llenarse el pelo de trencitas y que si daba seguro se cogía a un negro. Además de idiotas eran bastante putitas. Nosotras la escuchamos en silencio, mordiéndonos los labios y cuando se bajó largamos una carcajada. Pero ya no era gracioso, iban a ser algo así como familia, Carlos se iba a mudar con ellas a un departamento en otro edificio cercano. Tenía todo planeado.
Pagamos y salimos corriendo porque el timbre había sonado hacía rato.

1994 (cuento largo)


Dos /Visita inesperada
Estaba hablando por teléfono con Nati, que la noche anterior había ido a jugar al pool por Caballito con sus amigos de la primaria y se había transado al primo de su mejor amigo. El pibe no le había pedido el teléfono y se quería matar.  Cuando le estaba diciendo que no se preocupara que seguro se iban a ver en el cumple de Santi, que era en dos semanas, mientras me arrancaba pellejitos con los dientes, sonó el portero. Fui a atender convencida de que era equivocado porque estaba sola y no esperaba a nadie. La voz metálica de Tomás me sorprendió, nunca caía sin avisar. Le dije a Nati que la llamaba más tarde y bajé con un nudo en el estómago.
En el espejo del ascensor me vi hecha un escracho con el pantalón de estudiar manchado, la remera que me había comprado en el Caribe con un signo de la paz enorme y los colores rasta y el pelo sucio atado en un rodete. ¿Cómo no me había dado cuenta antes?
-Hola, qué bueno que estabas porque no entiendo nada para la prueba de matemática –dijo mientras le abría la puerta.
-Yo tampoco entiendo nada, ¿qué hacés? -contesté intentando hacerme la superada.
Entre nosotros había como una sustancia gelatinosa y tensa, quería parecer relajada pero miraba para abajo mientras subíamos callados. Tomás jugaba a tocar el cemento de los entrepisos con los dedos a través de los agujeros de la puerta, yo me mordía el labio y movía las llaves que hacían un ruido infame.
Se quedó en el cuarto mientras le preparaba un Nesquik y tostadas con dulce de leche que puse en una bandeja. De lejos escuché los acordes de la última canción que había compuesto en la guitarra, pensé que se creía demasiado para tocar tan como el orto.
Terminó la merienda en dos minutos y agarró la guitarra otra vez. Verlo chupándose los dedos me daba bastante asco. Un, dos, tres dijo en voz alta acompañando el conteo con el pie y empezó a tocar. Esperé a que terminara con sentada en la alfombra con los apuntes sobre las piernas. Cantó el tema bastante desafinado y  al final habló.
-¿Hiciste algo ayer? –preguntó sin mirarme.
-No, vino Lupe a ver una peli. ¿Vos?
 -Me quedé en lo de Camila a dormir y nos peleamos.
Camila tenía el culo gigante, siempre apretado en unos jeans chicos y negros, chupines. Se ponía remeras de bandas que a mí no me decían nada: AC/DC, Pantera, The Ramones, Kiss. Y se teñía el pelo de un rojo eléctrico.  Tenía una voz excelente y cuando la vi en vivo, me sorprendió lo bien que se movía sobre el escenario, parecía como iluminada. Nosotras habíamos pensado en armar una banda, queríamos ponerle Fracaso o Telarañas pero además de que cualquiera de los dos nombres era patético, ninguna tocaba ni cantaba siquiera pasablemente así que lo descartamos antes de probar.
Después de coger le había hecho una escena de celos porque tenía un representante nuevo, un pibe que movía banditas, que le tiraba onda. Tomás estaba convencido de que lo histeriqueaba y la discusión terminó cuando ella le tiró el teclado al grito de “me tenés harta pelotudo de mierda” y lo echó a las dos de la mañana. Otra noche, por una pelea semejante, había salido corriendo desnuda por las escaleras y él había tenido que ir a buscarla con una frazada para que se cubriera.
Estaba demasiado loca para tener dieciseís pero no le dije que la dejara de una buena vez, que toda la relación era cualquiera sino que lo consolé como siempre, repetí que ya se iban a amigar, que no se angustiara. Después volví a callarme haciendo que me concentraba en las ecuaciones de tercer grado. El dejó la guitarra y se sentó al lado mío.
Al rato llegaron mis viejos del cine, habíamos intentado resolver algunos ejercicios pero eran chino avanzado para los dos así que se fue sin que hubiéramos avanzado ni un poco. Quedamos en decirle  al profesor que habíamos tenido un problema juntos el fin de semana aunque no habíamos decidido qué problema pero algo se nos iba a ocurrir. Bajé a abrirle y el frío de afuera se nos contagió,  chocamos las mejillas al pasar y se fue rápido.
Cuando subí, en mi cuarto todavía flotaba su olor áspero y penetrante. No se bañaba muy seguido así que siempre tenía el pelo graso. El plan era tirarme a llorar en la cama, ¿por qué no gustaba de mí y se enganchaba con esa forra? Quería escribir en mi diario y llamar a Nati pero Juan me gritó porque había llegado la pizza. Todos los domingos cenábamos lo mismo.

1994 (cuento largo)


Uno/Recital
A pesar de que a nosotras no nos gustaba tanto la banda fuimos igual al sótano infecto cerca del colegio. Había estado escuchando una y otra vez el disco para aprenderme las canciones y podía recitar la parte rápida del hit sin respirar.
Antes de las diez estábamos todas en lo de Nati tomando cerveza en esos vasos que parecen tazas, los que tienen una manija y son transparentes. Pensé que eran el premio de una promoción cualquiera pero Nati insistía en que los habían traído de Babiera, que ahí eran super típicos. Ni me gasté en decirle que estaba mandando fruta, que mi hermana vivía en Suiza y yo sabía bien como eran los vasos porque en la última visita, cuando todos se habían peleado con todos por conflictos ancestrales, habíamos paseado por Friburgo y ni los vasos ni el contenido tenían nada que ver con la bosta que estábamos tomando. Los vasos verdaderos no tienen manija, son anchos arriba y finitos abajo y la cerveza rica no es amarilla sino más bien oscura, parda sin ser negra, y tan amarga que se te fruncen todos los músculos de la cara si no estás acostumbrada. Pero disimulé. Nati no era nada afecta a que la contradijeran y menos si era yo.
Sus viejos se habían ido por el fin de semana a Córdoba y la casa era nuestra. Para pasar de un cuarto al otro había que sortear musculosas, pantalones, medias, bombachas, aros, pulseras, cadenitas, relojes y gomitas para el pelo. A medida que desechábamos, dejábamos caer al suelo y ninguna tenía ni medio plan de levantar hasta el día siguiente, cuando la inminencia del regreso no dejara alternativa. Antes de salir nos delineamos los ojos arriba y abajo y nos pusimos rimel. Nati se pintó los labios de rojo fuerte, zarpada. Decía que así le resaltaba el verde de los ojos y las pecas se veían menos.  Las otras se fueron rociando una a una con el mismo perfume de moda que a mí me descomponía. Ni hablar de que el vaho pseudo francés resultaba discordante con el aspecto dark al que aspirábamos a conciencia. Afuera helaba y las camperas nos convertían en carpas enormes y toscas.
Caminamos como una manada ruidosa por las calles desiertas, mareadas por la cerveza y la excitación. Marce vomitó ni bien nos bajamos del taxi, tuvimos que llevarla entre dos para que no se cayera y sentarla en un escalón mientras abrían la puerta. De lejos reconocí a Tomás parado, fumando, vestido de negro. El saco de cuero le quedaba grande y parecía más encorvado que de costumbre. Se me cerró el estómago antes de bajar del coche: si estaba Camila iba a querer irme y si no estaba la noche se iba a convertir en un suplicio, esperando a que el pibe se dignara a hablarme. Cuando nos vio hizo un gesto con la cabeza pero al pasar por al lado de ellos no nos  saludamos.
Armamos un montoncito con las camperas, a un costado, y nos paramos al lado del escenario. Las chicas morían por el cantante y lo miraban fijo, como perdidas, solo les faltaba el hilito de baba y mugir. El pogo se puso intenso y sentí un codazo en las costillas que me dejó unos segundos sin aire pero ninguna se dio cuenta porque bailaban sacadas y medio borrachas. No les dije nada: a veces me aburrían y me parecían unas egoístas de mierda, como esa noche.
Cuando los músicos se tomaron un descanso decidí sentarme sola contra una pared con las piernas flexionadas y la cabeza apoyada sobre una de las rodillas aplastando el cachete. El piso estaba frío. Tenía el jean negro ajustado, un suéter gris enorme y las All Star rojas.
Las chicas seguían tomando pero yo no quise comprar más. No entendía la gracia de emborracharse y la cerveza me daba dolor de panza. Desde donde estaba podía ver a Tomás mover el pie siguiendo el ritmo de la música y aspirar el porro gordo y desprolijo que le pasaban, retenía el humo unos cuantos segundos mientras Mariano le decía algo al oído. Cuchicheaban como viejas de barrio.
La gente empezó a moverse y lo perdí pero no tuve ganas de pararme. Además, ¿qué quería ver? Nunca hacía nada. El sueño y el hastío me mareaban, prendí un cigarrillo y deseé  estar en mi cama o en lo de Nati- todavía no habíamos decidido en qué casa quedarnos- pero las demás querían aguantar hasta el final. Levanté la cabeza, como por obligación. Ninguna me llamó. Debatía entre arrastrarme un poco más cerca o quedarme en mi rincón cuando se me acercó un chico:
-Hola, ¿estás aburrida?
Me habló al oído porque los bajos estaban fuertísimos.
-¿Por qué no vamos a otro lado? –siguió.
-Tengo que esperar a mis amigas –contesté gritando.
Era alto, muy flaco y tenía el pelo de un negro tan brilloso que parecía azul, recogido en una cola de caballo. Lo que más me llamó la atención fueron las pestañas larguísimas, femeninas, que enmarcaban unos ojos almendrados, oscuros. Parecía más grande que nosotras. Quiso saber si iba muy seguido al lugar y yo moví la cabeza despacio de un lado para el otro. Lo miraba fijo y no hablaba.
Después preguntó cómo me llamaba y antes de que pudiera contestarle me estampó un beso baboso con gusto a chicle, alcohol y tabaco. Besaba bien. Pasó la lengua por los dientes, rozó las encías de los dos lados y me pasó la mano por la cabeza antes de meterla debajo del pantalón. Abrí los ojos.

desde el lado oscuro

No debería escribir porque un poco pierdo el sentido del humor. Bajé a la Roma y cuando estaba buscando un kiosko para comprar una coki, me llaman para avisarme que se suspendía la clase (ya eran las 5.58pm cuando la clase empezaba supuestamente a las 6, un desastre). La poca entereza que me quedaba se esfumó y la sensación de tormenta se me impregnó en el cuerpo. Grisura. Llamé a marido llorando y me dijo que ya iba para casa. Una hora y media después no había llegado ni llamado. Lo llamé indignada, espinosa, minit. Le corté el teléfono y le mandé el peor mail de dos líneas que se pueda escribir. Cuando hoy me lo echó en cara vía telefónica me reí y le dije: es arte. Ja. Soy una lacra. En fin.

El fango es un lugar peligroso.

Debería ponerme a decidir qué se queda y que se va pero lo haré una vez que tenga las cajas en zona. Por estos días me mudo y de solo pensarlo la opresión sube y siento una asfixia infame. Ah, encima antes de buscar a Milo tengo que cargar nafta. Hice 45 de patinadora y pensaba hacer una clase de "ligas" pero parece que hubo un cambio en el camino porque cuando me asomé todos tenían palos y pesitas. Una contractura en el omóplato derecho me hace más infeliz de lo que todavía soy de base.

Para colmo me disfrazo de punga. Como estoy triste y destemplada, me pongo la capucha de mi buzo rojo. Ayer María me tocó la bocina de auto a auto y ahí me di cuenta de que soy una impresentable. Con calzas, capucha, anteojos muppets y ese gesto de estar ida creo que doy un poco de miedo.

En fin.
Así de farragosas las cosas.

lunes, 5 de septiembre de 2011

lunesssssssssssss

Puff, manejo una baja de energía total. Me duele un poco la panchu y me debato entre hacer un café o dejarlo pasar. Hice 45 de elíptica que me super costaron y ahora arrancar no estaría siendo del todo fácil (imaginate que acabo de ver un video de Oreiro en CQC -????-). En fin. Mi domingo cultural fracasó estrepitosamente, cuando estábamos por salir solos con marido porque los menores jugaban de lo más contentos con Feli y Juana y Simi se había ido a lo de Dante, crucé a lo de María (el teléfono daba ocupado hacía rato) y estaban haciendo asado al cual nos invitan. Marido se copa y cruzamos. Los A se habían ido a Desierto de los Leones a hacer pic nic pero no estábamos para ese plan y el clima menos. Nos pasamos la tarde ahí morfando, yo quería ya cruzarme a horizontalizar y leer más diarios pero se extendió un poco de más. Ya oscureciendo le pedí a marido que me ayudara con los lunch de los chicos para el after y toda la movida dominguera me dio una angus inefable. Una vez que logramos terminar con cena, baño, lunch y acostada, nos hicimos pan con queixo y nos tiramos en el living a mirar Senna. A mí me gustó mucho y a marido más o menos.

Me duele la panza. Malísimo.

Milo está terriblemente rompehuevos y no tengo mucha patience. Tal es así que a la mañana marido le dijo: "no estás muy popular con mamá". En cambio hoy marido me pareció super buen mozo y se lo digo sin parar logrando que me odie. Por lo demás, empieza el after, tengo mi última clase en la Roma, debería ponerme las pilas para decidir qué se va y qué se queda de mi casa y todo me parece IMPOSIBLE.

Ah, temprano le escribí a Jime por su cumple. Recordé el día del festejo, hace 15 años, que le había hecho una torta y se me cayó cuando me bajé del ascensor. Creo que lloré. Mis viejos no estaban y presumo que porque estaban festejando sus 20 años de casados (se juntaron el 5 de septiembre del 76 por lo cual hoy cumplen 35). Jime se acordaba perfecto. El cumple era en lo de María, donde vivía todavía Joy, cuando Coronel Díaz era todo un depto gigante y había muchas fiestas locas. A partir de septiembre se lanza la ola cumpleañera que no para. A pesar de que me quedan dos meses, me da pudor decir que tengo 33 así que empiezo con el ridículo "casi 34". Cualquiera.

En fin. No puedo concentrarme. Tampoco tengo nada muy apasionante para decir (as always).

Solo no tengo ganas de que marido se vayaaaaaaaaaaaaaaa.
Así las cosas, chicos.

domingo, 4 de septiembre de 2011

la no paz dominguera

Camilo no se siente del todo bien y llora mientras Luzma lo cambia. Suenan los Conciertos Brandenburgueses en mi compu. Ayer me acordé de cuánto me gustaban y cómo los escuchaba una y otra vez en la casa de mis padres, mientras estudiaba. 

Tuve un buen sábado después del ataque de consch matinal. Una hora y veinte de zumba me dejó más tranquila. Vine a casa, leí El coraje... que me encanta, llegó marido y se puso a hacer una tuna salad para nosotros y pollito orgánico para los chicos. Comimos los seis, levantamos, yo volví a leer, garchamos, hicimos cosas en la casa, yo preparé guacamole, corté fruta, preparé los quesos, seguí leyendo pero esta vez Antes que anocheza, que lo tengo empezado hace meses y de repente me enganché. También me llamó Fer desde Mardel, en donde está filmando, y pudimos hablar un toque. Una tarde plácida y familiar. Tener a marido cerca, como ya dije, me da cierto sosiego. Impagable. El viernes se va y la perspectiva de estar una semana sin él no me sienta para nada.

El cine club estuvo genial. Extrañamos a los M, y lo digo sinceramente, cuando nos sentamos a la mesa y no estaban, sentí su ausencia. Es muy loco cómo uno se acostumbra a la gente y las dinámicas. Comimos como cerdos, los R trajeron un manchego espectacular, bresaola con alcaparras y parmesano y un roastbeff con una salsa (no probé pero ambas cosas tenían un aspecto impresionante). Tomamos vino (me desperté con un leve dolor de cabeza) y vimos Animal Kingdom (australiana, 2010). El grosso de marido bajó la tele y el mueble al living. Hubo unanimidad de criterio en cuanto a la peli (nos gustó mucho a todos a pesar de que es bastante heavy) y mantenemos el entusiasmo por el encuentro. Amanecimos tarde, más garche, más retozar contentos, desayuno con los chicos, skype con madre que se fracturó la clavícula y ahora en la cama con la compu, marido al lado. Los grandes por acá. No sé si haremos algo con los A o si llevo a los chicos al Tamayo y después a algún centro comercial a buscar zapatillas de deportes para Tita. A pesar de lo que se viene, te manejo una cierta paz interior.

Leeré diarios en camisón y pantuflas y después libro siguiendo con Bach de fondo. Baño y salida.

En fin, chicos: feliz domingo para todos.
Así las cosas.


sábado, 3 de septiembre de 2011

las arenas movedizas subyacentes

Cuando tenía diecinueve, veinte años, estaba muy preocupada porque ciertas personas entendieran que atrás de mi vida "divertida" había algo más. Algo oscuro, "profundo", que yo consideraba más interesante que la superficie y valoraba mucho a aquellos que "entendían" espontáneamente. En el taller contábamos por turnos nuestra semana y por lo general, la mía estaba llena de salidas, viajes, pibes, eventos y familia. Más o menos como ahora pero de joven. Siempre tuve que luchar con el "no sé de qué te quejás" exógeno y también interno. Es difícil explicar que las condiciones materiales de existencia no alcanzan para encontrar la paz interior. Nada quisiera más que así fuera. Nada quisiera más que no tener que seguir explicándolo. Nada quisiera más que no escuchar el "no sé de qué te quejas" desde diversos flancos. Nada quisiera más que no haya lado b.

Bueno: es lo que soy. Ni modo. Para eso me sirvió el último análisis. Es estructural, mamita, conviví con eso. Lo único que conozco que mejor lo combate es la actividad intelectual rentada. A no pensar. Ninguna otra cosa que me permita estar conmigo misma ayuda. Si cocino, hago deporte, voy de compras, toco el piano, hago cerámica o cualquier otra actividad semejante, no me aplaca. La angustia te la llevás puesta. Estar sola me cuesta mucho pero estar con gente me cuesta todavía más...

Básicamente necesito trabajar. No es que sea mágico pero ayuda bastante.
Encima estoy con las hormonas alteradísimas y ciertas condiciones materiales del mediano plazo me alteran enormemente.

En fin.
Una joyita.
Así las cosas.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Mis citas de Renacida

Esto es lo que más me interpeló de lo que SS dejó en sus diarios:

"Ser conciente de una misma, tratarse a una misma como otra. Supervisarse a una misma."

"Soy peresoza, vanidosa, indiscreta. Me río cuando no me divierto."

"Una aristocracia de la sensibilidad así como una aristocracia del intelecto. ¡No me gusta nada que me traten como a una plebeya!"

"Impronta del judaísmo en mi carácter, en mis gustos, mis convicciones intelectuales, la postura misma de mi personalidad"

"Es importante ser menos interesante. Hablar menos, repetir más, guardar el pensamiento para la escritura."

"tantos niveles de sexo como los hay de inteligencia"

Faltan unas pocas páginas para que lo termine. El aire ya está denso, como se pone antes de llover. Simón juega con su amigo Daniel y su amiga Ximena, Tita los ronda. Comimos.  Ahora la quieren echar. Qué lucha infame la de la pelea delos hijos. En un rato viene Lu a traer a Clara. Tengo que confitar los tomates. Tengo sueño: insomnio de 2 a 4am. Pasé por la oficina para reunirnos con la arqui y de paso ver a marido. Llegó temprano de Monterrey y tiene show en el Auditorio. Lo veré mañana.
Bueno, tengo demasiado sueño y demasiadas cosas en la cabeza como para poder escribir algo digno.

Cuando termine atacaré a Foucault. Pasa la vida.
Así las cosas.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Entren al blog de Xime y participen de la subasta!

incómoda

Empiezo a sentirme así por hacer las cosas torcidas. Llamé al colegio y le dije a Miss Irmita que no llegaba a mi cita de las 9.15am (la programé sin tener en cuenta el tema guardería de Camilo) y entonces no tengo cita, me va a programar una para después. Un bajón. No es que sea muy importante, la verdad es que no aporta nada pero es de las cosas que hay que hacer y yo soy muy estricta con el deber.
Estoy en piyama, levemente depre, marido salió temprano para el aeropuerto al final en coche porque no había taxi. Ya no siento el esplendor de otros días, al contrario, siento este no sé qué de la desocupación que me pega pésimo. Ganas de llorar.

Llegué al Back to school night justo cuando Luli me estaba llamando, le dije salí que nos fumamos un ciga. No recuerdo los nombres de los padres que me saludaron. La maestra de español al menos no está a dos días de jubilarse, al lado de las dos anteriores parece Premio Nobel aunque en el mundo real es bastante limitada pero pareciera querer ponerle un poco de onda y los chicos estoy segura de que se lo agradecen. La de inglés es canadiense-jamaiquina (???), vive hace nueve años en México, se casó con un local y se hace llamar Miss Sas. Esta tiene pilas en serio, dos degrees y una maestría en educación con muchas ideas concomitante. La parte de inglés del colegio es la que está buena, los pibes hablan bárbaro y se divierten estudiando y leyendo un montón. Salí contenta. Marido cayó con libro de regalo:  El coraje de la verdad, de Foucalt. Después cenamos con los R en un restó de Palmas cuyo nombre no puedo reponer. Comimos como cerdos y eso que me abstuve del carpaccio de callo de hacha (no sé si le agregaron morillas o guindillas pero cuando fui a revisar la cuenta salía del doble de lo que decía en el menú: cualquiera; se reivindicaron trayéndonos unas bebidas posteriores. yo pedí un licor de cajeta (??), Lu un té y los hombres no sé qué licor que no probé). Por suerte igual volvimos temprano. Contesté mail largo, leí un par de páginas... ah, garchamos a pesar de que primero me escondí para cambiarme porque marido estaba en llamas y yo no acompañaba el mood. Habíamos discutido en el coche porque marido no sabe cuándo parar. No aprende. Estoy sensible: no me jodas.

Bueno, voy a cambiarme, hacer el bolso y llevar al pibito a la guarde. Después haré ejercicio y sauna, volveré, estaré con Simi un rato (por el parents teacher conference no tienen clases) y después bajaré a la Condesa para comer y luego por fin ir al endodoncista. Todo igual me tira un poco para atrás.

Semi triste. Marido hoy en Monterrey y en una semana ocho días a Bs As. No tengo ganas de estar sola.


En fin.
Así las cosas.

miércoles, 31 de agosto de 2011

loca, loca, loca

Cuando no trabajo me rayo mal. Es un problema grave que tengo, una patología ridícula e infantil pero a la que no pienso dedicarle energía para curar. Todo no se puede. Ayer fue un día de esos infames. Cuando marido se acercó a darme beso, después de que le mandara chat pidiéndole que por favor llegara temprano, empecé a llorar angustiadísima. Los chicos estuvieron insoportables y no se dormían. El clima horrible. Salí para el endodoncista y a la altura del politécnico me volví porque el tráfico estaba imposible. Los diarios de SS (Maggie! Sí los estoy leyendo y me copan aunque tengan esa pátina de censura del hijo) no me estarían pegando bien. Bueno, nada me pega del todo bien. Extraño Buenos Aires y no solo tener nombre propio, que es una de las virtudes (y defectos) que tiene la ciudad (el anonimato para alguien tan fóbico y narciso como yo funciona doblemente como condena y liberación) sino principalmente la libertad de ser peatón, de usar la caminata como medio de transporte (plis que nadie salte a decirme que si viviera en la ciudad propiamente dicha sería distinto, a esta altura todos sabemos el por qué de mi exilio suburbano y, además, en México caminar no es una opción como en Bs As).

En fin. También extraño a padres y hermanos. Y extraño mucho ir a un bar a tomar un café con leche, leer el diario en papel, hablar con la gente. Sonreír. En realidad, ahora que pienso, hoy le sonreí a una señora de zumba que se me acercó a preguntar, bah, a aseverar que yo no era de acá. Nadie puede querer tirarme la buena en esa circunstancia. Pero la señora sí. No le importó que tuviera mi peinado extraño, ni mis anteojos ni ropa exclusivamente negra excepto las zapatillas con cordones amarillos.

Tardé mil horas en hacer la compra del super. Mientras elijo decenas de kilos de fruta y verdura me pregunto cómo fue que me volví así, así digo de comprar comida saludable, de hacer tanto ejercicio físico y de estar convencida de que es el único modo de vida válido. Apa.

En fin. No sé. Tengo sueño y un hastío basal. Me voy a deprimir con Susan.
Así las cosas.

martes, 30 de agosto de 2011

mi pequeño punga

la foto.JPG

de por qué siempre supe que no iba a ser una intelectual

No estudié Psicología porque madre no me dejó, no estudié Sociología porque me parecía una carrera demasiado fácil y menor, no estudié Filosofía porque consideré que iba a terminar enloqueciendo y creo que tuve razón. Dejé la primer semana del CBC de Derecho porque mis compañeros me resultaron infradotados y porque la visita a tribunales con una empleada de padre me desalentó para siempre. Entonces volví a la analista, que era bastante imbécil y no creo que haya ayudado demasiado, y también volví  al colegio, a rogarle a Sanguinetti que me dejara reincorporarme aunque las clases ya habían empezado. Por qué mis padres no me dijeron que no daba que fuera a esa entrevista con un jean con un agujero en el culo es un misterio. 

Como ese primer cuatrimestre todavía no sabía qué iba a estudiar (ojalá hubiera entendido algo de matemáticas porque la economía me parece una gran disciplina) decidí anotarme en alemán en el laboratorio de idiomas. Entonces seguía con inglés, piano y le sumaba alemán para continuar con el régimen de sobreocupación al que madre me había acostumbrado desde la infancia. Pero no entendía nada. De hecho, al margen de que en el segundo cuatrimestre, cuando no sé bien por qué me decidí por Letras,  tenía que cursar Filosofía y Semiología además de IPC y Sociedad y Estado, y estaba sobreocupada académicamente (más todas las materias del colegio) dejé sin pensarlo dos veces. El resultado fue nulo: no sé decir ni una oración. Ni siquiera puedo contar bien hasta diez.

Después, cuando ya laburaba en Los Inrocks, intenté con francés (también cursé dos niveles de lecto comprensión en la facu sin éxito porque al final rendí inglés y portugués libre). Iba al laboratorio dos veces por semana a las 8am en un acto de arrojo impensado para tener 21 años y salir como salía. De todas maneras, tampoco funcionó. No puedo leer en lengua original excepto que sea inglés y solo por trabajo porque si no me da una paja atómica.

Por otro lado, debería haber hecho Lingüística pero cuando me di cuenta ya era tarde, había optado por Teoría porque básicamente podías cursar casi cualquier cosa de cualquier carrera de la facultad y de otras facultades. Yo opté por Filo Antigua que nunca rendí y por Contemporánea que era promocionable. Además de la materia de Gonzáles de Sociales, a la que asistí dos veces e igual presenté un trabajo reciclado de un seminario de Vitagliano (de todas maneras lo había escrito yo). No sé por qué no hice Medieval y Moderna. Nada me gustaría más que poder cursarlas ahora. También cursé todas las Lingüísticas que no implicaban aprender a diferenciar fricativas de bilabiales y asuntos semejantes porque me era imposible. Pero la hecatombe real fue cuando me reprobaron dos veces Española II (injustamente ambas) y me arruinaron el promedio para siempre. Aunque, el verdadero trasfondo de todo es que en realidad solo pensaba en coger y así es imposible llegar a nada.

Por cierto, del docente de Contemporánea me enamoré (no puedo reponer su apellido, era petiso y gordo) pero no sé por qué no me dio bola, teníamos unos intercambios medio extraños y recuerdo que me decía Shylock por el mercader de Venecia. Un día me invitó a comer una pizza y me emborraché con cerveza. Chiquita... Solo recuerdo a Bergson dentro de los autores del programa (y creo que Simmel).

En fin. Ojalá hubiera sido seria como Susan Sontag pero resulté un muppet y aquí estoy.
Así las cosas.

repuntada

Hoy, porque sí o porque no vale la pena no estar bien, volví a la alegría. A pesar de un sueño basal, inherente a mí los últimos meses. No puedo dormir muchas horas seguidas profundamente y no sé bien por qué. No importa.
Ayer a la noche, después de bañar niños y mientras terminaban de cenar llegó marido y sentí un sosiego desconocido. Los chicos vieron un rato más de peli hasta las 8pm mientras marido trabajaba en el sillón y yo empezaba Renacida, los diarios de Susan Sontag, que me hubiera quedado leyendo muy tranquila pero tuve que ir a mini customizarme y salimos para buscar a Pepo y Raul en el Condesa DF y de ahí ir al Rosetta. Definitivamente es un lugar sobrevaluado. Bueno, las tres veces que fui comí pastas pero no son nada del otro mundo. Ayer pedí los ravioles de queso de cabra con tomatitos cherry y albahca y estaban mediocres. No probé el carpaccio pero las croquetas de arroz con azafrán no decían nada. Tampoco probé el postre y evité tomar vino aunque una copita me hubiera sentado genial. Durante los trayectos de ida y vuelta me reí mucho con marido. A veces me olvido de cuánto podemos divertirnos juntos. Hitazo. Y eso que el shuffle del ipod de marido no caza balón, musicaliza pésimo. Eso sí: paso la prueba de adivinar los temas escuchando solo los comienzos. A marido le copa.

Antes de dormir tuvimos una lucha que no terminó muy bien, marido no entiende cuando digo no seriamente pero el sueño todo lo borra. Se despertó él con el Coco porque quería salir temprano a la oficina (?), yo a las 8 salté de la cama para arreglar a Tita, cambiar a Milo y armarles los lunch porque Luzma se había ido al médico. No fue una mañana fácil. Después 50 de elíptica (quise hacer una hora pero no aguanté), sauna, super y buscar al baby que primero se quedó llorando en la guardería pero a los 30 segundos (esperé afuera de la puerta) se calmó y cuando llegó Silvi estaba feliz jugando (me mandó mensajito avisándome, divina).

En fin. A las 5pm tengo endodoncista en la condesa, un clavo remachado.
Así las cosas.

lunes, 29 de agosto de 2011

de todas formas, duró bastante

La felicidad, digo. Esa paz que supe macerar y se volvió dulce y sentadora durante semanas para ahora haberse evaporado con la misma delicadeza con la que llegó. A la mañana, en el sauna, un poco alunada, intenté reconstruir cuál era el factor tormentoso con el cual convivía de más chica pero no pude definirlo. Unas horas después, lo reviví. No está bueno. Antes, igual, era peor. Constante e intenso no me dejaba vivir.

Ayer a la mañana leí un par de artículos de diarios varios, pasé a buscar a Luli con las girls y nos fuimos al teatro. Por el corte de Reforma casi casi nos bajamos pero por suerte Guille insistió, estacionamos a un par de cuadras y caminamos. Llegamos justo. El teatro y yo nunca comulgamos. Entiendo lo importante del extrañamiento, del hecho teatral, etcétera, etcétera pero cuando estoy ahí me cuelgo, pienso en las cosas que pienso cuando me voy a dormir, me voy. A los chicos les copó y eso es lo único importante. Marido jugó tenis y los varones no sé qué hicieron en el club. Después fuimos a lo de los chicos a comernos una paella los cuatro, yo exageré un poco con el vino porque estaba muy rico y marido se tomó casi solo dos botellas de sidra de verdad que compró especialmente para maridar. De postre chocos de Oxxo, que compré como si tuviera quince y me hubieran dado vía libre para hacer lo que quisiera. Simi se había ido a lo de Lau y Walter y como estábamos en los dos coches, marido se fue con los chicos y yo me vine a casa a seguir leyendo diarios. Arreglamos todo para hoy a la mañana, les dimos algo de comer, baños y a dormir. Aunque les costó. Entrar en ritmo escolar no es lo más fácil del mundo. Para ninguno. A pesar de que casi forcé a marido a garchar y de que después me tragué un tylenol pm, dormí poco y muy mal. A las 6.30am sonó el despertador y yo estaba despierta hacia rato.

Cuando en agosto del 94 nos mudamos a Las Heras, dejé de tomarme el subte y pasé a ir al colegio en el 10, que paraba exactamente en la puerta de mi casa. A las 6.50am sonaba el despertador y a las 7.10 estaba en la parada. A las 7.40 sonaba el timbre. Siempre fui rápida. En el 96 terminé sexto y lo que más me alegró fue la certeza de saber que por un larguísimo tiempo no iba a madrugar más. Claro que de larguísimo no tuvo nada porque lo que realmente te cambia la maternidad es el sueño pero ese es otro tema. Despaché a Coco y Milo hizo algún pequeño escándalo pero después volvió a dormirse a mi lado en el piso.

Ah, en la semana en la que supe que estaba embarazada de Simón me preocuparon dos cosas: 1. a qué colegio iba a ir.
2. cuándo era que tenía que embarazarme del segundo para que tuvieran máximo 3 años de diferencia.
El día fue eterno.

Jamás entendí por qué alguien puede pensar que soy una persona relajada. No peinarse no implica nada más que: no peinarse. Por ejemplo.

Lo de la guardería al final estuvo bien, Milo salió contento y con ganas de volver mañana. La tarde fue bastante infame. O me cae trabajo pronto o enloquezco. Por suerte tenemos repentina cena semi laboral en Rosetta, marido viene a buscarme e iremos juntos. Respiro hastío y ganas de regalar algún hijo.

Chau contentez, hola realidad.

En fin.
Así las cosas.

México vida cotidiana y alienación

Llego y llama Gaby y me cuenta que balearon a un camión de un colegio por acá cerca, en La Herradura y solo pienso en salir corriendo. Mientras estaba arriba de la elíptica se me hizo un nudo viendo las palomas blancas y los globos que se soltaron en el estadio de fútbol de Monterrey. Ya tenía un nudo previo porque dejé llorando a Camilo en la guardería, que no me gustó nada y no solo porque al entrar vi la cruz gigantesca y pregunté si daban religión y la dueña me contestó cuasi indignada que eran católicos y que les hablaban a los nenes de Jesús y la virgen y yo me angustié pero también pensé, por primera vez en mi vida: qué me importa. Pero después, en la ducha, me pregunté por qué carajo no puedo ser una madre más (aunque desentone por definición) de cualquier colegio pseudo progre, lleno de matrimonios mixtos con veleidades arty intelectuales que quieren mandar a sus hijos al CNBA o a la ORT y se debaten entre la austeridad y lo libros y las casas con jardín y la ropa de diseño. Ya tomé distancia, ya sé lo que es la lucha, abrí el horizonte, conocí gente nueva, viví de todo un poco, viajé. Es válido querer ser uno más. Amalgamarse a esa masa informe pretensiosa y sutil a la que pertenecemos con o sin voluntad. La panza no se me desenrosca. Todo lo demás ya no tiene sentido.

Después sigo.
Así de espantosas las cosas.

domingo, 28 de agosto de 2011

no beberás los sábados por la tarde (o sí)

Llegué mareada y nauseabunda. Fue una tarde larga en el jardín, comimos mucho y riquísimo y yo bebí primero vino y después crema de mezcal, igual de deli que peligrosa. Los miles de niños jugaron contentos y tranquilos, Fer y Guille se pasan de relajados y buena onda (yo sufro un poco cuando hay tanto menor haciendo kilombo en mi casa) y nos reímos y seguimos comiendo y charlando durante cuatro mil horas. Pero... me tuve que meter en la camuch sin siquiera poder abrir una página. Marido le hizo una keka a Tita que se despertó y yo ya estaba desenchufada cuando alunizó a mi lado.

¿Cuándo aprenderé que calladita me veo más bonita? No discutirás sobre política con nadie y menos con pibes. Julieta: una vez más, plis llamate al silencio. ¿Es tanto pedir? Marido me tira a los leones sin culpa. En fin. Fumé mucho tabaco y dormí bien durante nueve horas.

Tengo mil diarios por leer pero no demasiado tiempo. Me levanté super pilas y decidí que como marido iba a jugar tenis, yo llevaría a los chicos al teatro. Simón se bajó y Milo también, prefirieron ir con el padre al club por lo cual Tita está acá al lado mío, tiradas en la cama, ambas empiyamadas, ya desayunamos y en breve vamos a bañarnos, hacer la cama y salir hacia el Centro Cultural del Bosque. Está bien hacer cosas. Ya dije que la dimensión fáctica salva a a las almas grises. Y yo tengo una de esas. También pegó la sugerencia de hacer cine club los viernes. Me recontra copa. Mirar pelis sabemos que es uno de mis planes ultra prefes y con vino, quesos y panes y amigos me parece un hitazo.

Eso sí: extraño Buenos Aires, no te creas, eh.

En fin. La vida no me da para todo.
Así las cosas, chicos.

sábado, 27 de agosto de 2011

sobre el comfort, los humanos, la amistad y esas cosas

Llego de buscar a Simi en lo de su amiga Ximena, donde se quedó a dormir porque era el cumple e invitó cinco amigos. Estaba feliz. Juntos fuimos al City Market, me cuenta cosas, tranquilo, contento de verme. Hablamos sobre el IVA, le explico lo que es (como puedo), después le explico lo que son los impuestos en general y me sorprendo porque sabe perfectamente lo que es el porcentaje. Guau. Marido se llevó a Milo al club porque ambos quisieron y Tita sigue en lo de Lu, nos encontraremos directamente en el asado. Se respira paz aunque la casa es un caos. Luzma se fue temprano y nadie vino en su lugar. No importa. Tengo que hacer ensaladas, quiero escuchar música. Esta plenitud me sienta.

Marido hizo pizzas mientras yo leía tirada en la cama, después de bañar baby (ya no more baby, claro, pero eternamente baby para mí). Comimos mirando una peli bastante mala pero llevadera y nos dormimos a eso de las 12.30.

Excursus. Hijo mayor llora desconsolado porque ayer le destruyeron el avión y aeropuerto de Lego mientras él no estaba. Intento tranquilizarlo y razonar pero no hay mucho caso, se enoja conmigo. Entiendo que lidiar con las frustraciones de los hijos es un imposible y de acá en adelante seguramente todo sea peor. Yo no fui fácil. Para nada. Presumo que sigo sin serlo.

Antes de dormirme pensé en la impostación, el esnobismo, la pretensión y un montón de actitudes que hace mucho me quedan lejos. Nada me interesa menos que parecer algo que no soy. ¿Cómo hace la gente para sostener una imagen construida? También pensé en el comfort de ciertas relaciones, en la comodidad de que el otro entienda quién sos y que no tenga que ver con el tiempo. Joy es una de esas personas con las cuales yo soy yo y fluyo. Estos días me estuve acordando de cuando éramos chicas y pasábamos mucho tiempo juntas, cada una haciendo un poco lo suyo, en Ugarte, después de salir y vaciar la heladera a fuerza de bajones, dormíamos ahí y al día siguiente estudiábamos, fumábamos mucho tabaco, comíamos en familia y cada una seguía su día. Valoro mucho el poder estar con alguien sin necesidad de interactuar.

Con marido pasamos la mañana en la cama. Milo iba y venía haciéndonos comida mientras nosotros nos poníamos al día, abrazados, entrelazados, contentos. Después desayunamos y yo no pude hacer deporte. Todo no se puede, me repito. Prefiero que no me alcance el tiempo a tener la sensación de que me sobra. Lo que me sobra ahora es energía. Copado.

Hay más cosas, muchas siempre, dando vueltas. Hay una sensación de alegría y estabilidad. No hay mucho sol pero sí una temperatura agradable. Hay una familia sólida que es la que armé. Hola mundo: estoy feliz.

En fin.
Así las cosas.

viernes, 26 de agosto de 2011

soy mi propia sombra

Llegar de un viaje genera una sensación rarísima y yo últimamente me la paso llegando. Escucho a Tita que se baja del camión, estoy dormida, ralentada. Desacostumbrada. El saldo de todo es positivo, no solo que la pasé super sino que llegué y veo todo genial. La heladera está llena de comida sana, los chicos tranquilos, marido contento de tenerme acá. Viajé con una manada gigante de judíos religiosos, algunos argentinos y otros mexicanos. Por momentos no podía dejar de mirarlos y de pensar que me siento mucho más cercana a la gente del Opus que a ellos. Por otro lado, está clarísimo que los del Opus garchan mucho más porque los doblan en hijos, nunca sé si es real eso de que solo cogen los viernes. Algo de tener todos los hijos que la vida te da me parece tentandor, no por el tema de la fe, claramente, sino por la idea de dejar ser a la naturaleza. No derramarás tu simiente en vano, ahá.

Por lo demás, mmmmmmmmmmm. Acá, qué se yo. El tema mudanza/reforma me hiper estresa y el no tener definido a dónde vamos a ir, todavía más. Todo el tiempo me choco contra la pared y me parece tristísimo. Gente copada ¿dónde está?

No pude tirarme en uno de tres asientos aunque el avión estaba semi vacío porque ya estaban todos copados. Vi una película malísima de abogados, comí como una cerda (no sé qué me pasa) y en un momento de la madrugada agarré un vaso de jugo de naranja que me ofrecieron y me agujereé el estómago de la manera más vil. De todas maneras el viaje fluyó. Migraciones fluyó. Las valijas tardaron, pedí un taxi, caminé con mi carrito y me trajo una señora taxista mientras yo dormitaba. Una vez acá me puse un camisón y me escurrí en la cama después de exiliar a Milo que, como su hermana, dormía con marido. En algún momento garchamos, abrieron las valijas y les di los mini regalos. Marido se copó con el pantalón de corderoy y la billetera. Bien ahí.

Pero no reacciono. Vuelvo a la cama un ratito. No soy yo. Simón se fue a lo de Xime que era el cumple y se queda a dormir, vino a darme un beso y a decirme "hasta mañana".

Y no mucho más. No hay sol, Camilo no para de hablar y la vida es un discurrir sin mayor sentido.

Así las cosas.

jueves, 25 de agosto de 2011

despidiéndome desde el amex

Lo bueno de irse contento es que uno no se entristece. Y lo bueno de irse sin hijos es que tengo ganas de verlos así que no sufro por dejar Buenos Aires. Estoy en el lounge de la platino, tuve que luchar con el wi fi y las nabas de la recepción dicen que es un problema del aeropuerto, que se va y viene. No me queda demasiado tiempo. Tuve cosas que hacer a la mañana además de terminar las valijas, paseé con madre un ratito por el Paseo Alcorta, compartimos un sándwich de salmón, y me trajo a Ezeiza. Todo como muy fluido. Los porteños me parecen simpatiquísimos y amables y lo digo muy en serio. El del mostrador de Lan vio mi gesto cuando pesé una de las valijas y me dijo: "no te preocupes, no te voy a cobrar nada". El policía de la puerta no se quejó cuando madre le pidió dejar el coche para poder ir al baño y la cajera de Carrefour era la misma de cuando yo iba, hace diez años.
Por cierto, me clavé un café con leche con medialunas y ahora me doy cuenta de que es el cuarto del día. Pienso si habrá alguna relación entre la enorme cantidad de cafeína que consumo acá y mis problemas para dormir. No lo sé.
Amé a mis hermanos, hicimos karaoke una noche, ayer cenamos todos juntos hablando de política internacional y alguna otra cosa seria mechada con chistes muy graciosos. Tengo una familia compleja pero bastante genial. Creo que eso no es muy común. Nos reímos siempre mucho mucho y son de mis personas preferidas del mundo aunque no se note del todo. Yo soy una persona difícil para algunas cosas, lo admito. Pero para muchas otras son increíblemente fácil y dúctil. Hice tantas cosas que no puedo enumerarlas. Vi a mucha gente pero a mucha no la vi o la vi poco y me quedé con las ganas. En diciembre volveremos con tiempo. En septiembre marido viene ocho días. A veces siento que mudarnos sería una pavada y otras me resulta impensable. Bueno: ese subibaja emocional es mi vida por temporadas. Me voy a comprar las Inrocks y a esperar el embarque en la puerta. El pibe de Lan, además, ahora que pienso, también me cambió el asiento del segundo tramo por otro mucho más adelante. Un genio.

Estoy contenta, chicos. Muy tranquila y pasándola bien. Ojalá dure mucho.

Así las cosas.

yéndome

Es obvio que no tuve tiempo de escribir. Qué raro, lo sé. Pero es cierto. Menos de una semana en Buenos Aires, con mi hermana mayor en la ciudad y muchos eventos lo hizo imposible. El saldo fue muy positivo aunque hubo un día, como siempre, en el que me quise volver. El pozo de aire gigante en el que le lloré a un par de pesonas por teléfono. Hablar por teléfono, una vez que me acostumbro a que existe como posibilidad, me rencontra copa. En México hablo solo con Domi y por ahí ahora con Lu un touch. Antes hablaba a veces con Xime y con Marian. Tengo que mentalizarme y pensar que va a estar todo bien, es como ir a otra dimensión pero es mi dimensión hace muchos años. Y como pienso siempre (y lo decimos con Domi) no sé si acá soy capaz de ser feliz. Igual: tendré que probarlo en algún momento. No sé. Es todo muy confuso. Tengo que terminar la valija, Domi tiene que traer las cosas que le llevo, bañarme, desayunar, vestirme e ir al centro centro (bah, creo que eso ya es Constituta...). Si tuviera que describir todo lo que hice y las emociones que sentí, me quedaría escribiendo hasta mañana. Con mi piyama de Alicia, sentada en la alfombra del cuarto en el que me retrotraigo quince años y soy hija, no termino de entender qué siento en general y con respecto a todo.

Y en México...bueno, me espera el despertador a las 6.40am, llevar y traer y esos etcéteras malísimos. Pero también marido, a quien extraño siempre y los tres cachorros que increíblemente no son nada felices sin mí. Ayer, hablando en el almuerzo oriental con Joy se me reactivó la certeza de todo el esfuerzo que hacemos los que vivimos afuera para sostener nuestras estructuras. Solos bancamos todo y no hay un minuto de respiro, nadie te arma ni los programas, ni te salva si te sentís mal, ni te manda comida, ni nada de nada. Estamos todos en la misma y hay que remar. Creeme que es muy agotador. Cuando pienso que estoy en este barco desde tan joven se me cae el cansancio existencial como un menhir.

Bueno chicos, los veo en Méx. El avión sale a las 6.10pm y llega ahí a las 4am. No, no va nadie a buscarme. Re triste.

Así las cosas.

domingo, 21 de agosto de 2011

INT. Bs As. Día

Estoy tirada en la cama de Joy mientras ella le da la mamadera a Juana. Yo le di la papilla en un acto de arrojo (creo que no muchas veces le di de comer a Camilo pero ya ni me acuerdo, a los otros dos sí), me duele la garganta, vengo durmiendo muy pocas horas y a cada rato me doy más cuenta de que soy un ET. Hay pocos cielos tan límpidos y hermosos como el porteño. Ese color intenso, diáfano, con ese aire invernal puro no se consigue en México. Igual, me pega todo raro, no termino de hallarme, soy realmente una extranjera en mi tierra. Y: a todo el mundo le veo cara conocida. Cualquiera.

Hice una siesta después del almuerzo de ayer, me customicé un poco y bajé al festejo de la abuela. Mucha gente, muchos primos desconocidos, mucha comida. Una pareja que cantaba y nosotros cuatro, bueno, las tres mujeres haciendo SHOW. Somos impresentables, tal es así que hasta a la abuela le dimos vergüenza: imaginate. Mercedes, mi prima, cantó grosso (es cantate lírica) y cuando ya todo estaba terminando, un primo (ponele, el parentesco no me lo sé muy bien) se cayó de la escalera medio mamado y parecía frito. Pero no. Vino el SAME y al final no sé si lo internaron o no pero yo me re customicé más abrigada y me fui a un cumple en el que estaba la Shama con su amiga Juli. Charlamos un rato, comimos pastel y nos fuimos a una fiesta. Entretanto, padres me preguntaban si tenía plata, llaves, dijeron que me tomara radiotaxi y que no volviera tarde. Un chiste todo. Padre el día anterior me esperó despierto (??????) y yo, lo peor, es que hay un punto en el que lo entiendo, dormir sola en lo de tus padres te retrotrae a una época que no tiene nada que ver con mi presente y un poco me siento como de veinte. La fiesta era malísima, sonaba Manu Chao y Los Cadillacs y la gente parecía joven aunque la luz no te dejaba ver bien. A las 2 y cacho me rescaté y me fui a dormir.

Bueh, Joy terminó de dormir bebis así que me pongo a tomar mate. Después me voy a fundación PROA con padres y después leo.

Así las cosas.

sábado, 20 de agosto de 2011

Bs As la rockea grosso





Fui de compras con Domi y madre, comí en The food factory con el kinder, Ela, padres y Lara y estoy en un estado calamitoso porque casi no dormí por lo cual: no voy a desarrollar. Pero... claramente Bs As me sienta cuando vengo así. No sé en el largo plazo. Sigo feliz aunque con un sueño imposible. Acá con mi hermi, los dos de gris.

Así de porteñas las cosas.

jueves, 18 de agosto de 2011

a horas nomás

Quería ir al gym, hacer ejercicio y, además, traerme las cremas que tengo allá pero no llegué. Hice la valija tranquila, mientras Luzma y los varones se habían ido al super caminando. Hay pronóstico de frío polar y no lo puedo creer. Pensé que ya iba a estar al menos templando pero no, para nada. Frío del orto. Uno no puede ser lindo con frío. Ni estar bien vestido. Ni ponerle tanta onda como cuando hace calor. Además de que no tengo ropa adecuada. Llego, me busca padre, me baño y me voy con madre de compras. Tengo la agenda bookeadísima hasta el miércoles al mediodía. Soy feliz.

Ayer a la tarde vinieron las chicas con los mil kids. No se puede creer la cantidad de gente que se puede juntar. Comimos todo lo que había (somos aspiradoras!) y charlamos sin parar, salimos un rato al parque (yo creo que la próxima hay que hacer pic nic directo, la acústica de mi casa no ayuda) y después me quedé charlando un ratito con María y José en el parque. Marido llegó tarde, cansado y ya un poco fastidiado porque me voy. La arquitecta llegó tarde respecto de lo que debía encontrándome en un estado deplorable. Milo y Simón no paraban de dar vueltas, hablar y/o estarme encima y yo solo podía pensar en meterme en la cama, cosa que hice después de comer unas tostaditas con brie, salmón que hizo marido rápido y unos champi enteros saltaditos. Marido vino a la cama, medio témpano pero no me importó demasiado porque me dormí rápido.


Fui al colegio a comprar uniformes y libros, Luli me hizo reír tratando mal a una argenta medio naba. Llegó Xime. Los veo en el Amex.

Así las cosas!

miércoles, 17 de agosto de 2011

10 años 10

Estaba nublado, de eso me acuerdo, de la pollera de Trosman Churba rosa y blanca, la musculosa de algodón de Chocolate, las botas negras también de Chocolate que sigo usando y el saquito rosa con lentejuelas de Jazmín que, como el resto, guardo en mi placard, también. De los sentimientos: poco. Sé que lloré cuando vi que padre lloraba, tengo la vaga imagen de que había mucha mucha gente y sé que nos pusimos las alianzas en ese momento (había sido un tema álgido, un malentendido hizo que fueran de oro blanco, clásicas, anodinas y que a ninguno de los dos les gustaran pero creo que llevan bien el paso de los años) y no me la saqué nunca más (una vez puede ser embarazada por la hinchazón pero nada más). Después del registro civil de Palermo nos fuimos a lo de padres y las chicas (era un grupo extendidísimo) nos rodearon y nos dieron nuestro regalo: un fin de semana en Colonia (que fungió como la única luna de miel) y la noche de bodas en unas suites. Hicieron todo un show de entegra, éramos jóvenes y pilas.

Amo a Diego mucho más que entonces y lo digo seriamente. Pasamos los años más intensos, atormentados, felices, desgarradores, difíciles, duros, extremos y un montón de otros etcéteras pero logramos armar una familia alucinante y una pareja sólida y contenta. Durante años parecíamos estar constantemente al borde de la separación pero logramos pilotearla. Es, sin lugar a dudas, el hombre de mi vida. Es la persona con la que quiero estar por siempre y este es, para mí, nuestro mejor momento. El abrazo matinal sigue siendo lo que le da sentido al día. Soy la persona que quiero ser y no sé quién sería sin él.

En fin. Perdón este dejarme ser amoroso pero no se cumplen diez años de casados todos los días.

Por lo demás, estoy rota. Tuvimos cena con ricos y famosos en La capital. Después pasamos por Patagonia y parecimos populares, no sé cómo ni por qué nos encontramos conocidos un martes a la medianoche. Dormí poco y mal y todavía tengo que ir al super a hacer una compra importante antes de irme (además de temas capilares antes en el club). A la tarde merienda de madres y a la noche, después de ver a la arquitecta, marido quiere cenar pero yo estoy intentando slalomearlo. Dos noches seguidas no puedo comer ni acostarme tarde. Necesito un break.


En fin, chicos.

Estoy asquerosamente contenta y en paz pero también segura de que el cinismo volverá con fuerza (no, mentira, siempre está eh, aunque no lo veamos).

Así las cosas.

martes, 16 de agosto de 2011

hago recreo

A la mañana le dejé un mensajito de feliz cumple a Mora en FB y ella me contestó que se llevaba a Fercha a filmar pero que la cuidaba y se ve que me quedó algo de eso rondando en la cabeza porque arriba de la elíptica, dándole durísimo, me acordé del día en que Mora le dijo a Fer que le regalaba a Santi con un moño (no sé si ellas los confirmarán o lo desmentirán) y me empecé a reír sola como una hiena. Y después, en pelotas en el sauna, pensando en cuánto quiero a Fer y cómo me alegra que todos la quieran y le vaya tan bien, me acordé de lo muy cualquiera que éramos de pendejas, cómo nos rateábamos a Oktubre (un par de veces pedimos sidra: SIDRA!!!!!!! a la diez de la mañana) en las clases de inglés y concatenado con eso se me vino el día en que, justamente con Mora, fumé por primera vez (tabaco) en el baño de El Molino, en una fiesta del cole. Dios: hablo del año 92. Tenía catorce y Fer me acusaba de que fumaba para hacerme la canchera (obviamente tenía razón, ¿para qué fuma si no una nena de catorce???) y después, en quinto, cuando todas menos Cris fumaban me ocultó que ella también por todo lo que me había cagado a pedos un par de años antes. Fue la historia de nuestra relación: ella era una suerte de voz de la conciencia que después un poco hacía todo lo mismo (medio que fui trend setter en el derrape). Así y todo, le sigo amando, veinte años después de hacernos amigas y lamento mucho, a la vez de alegrarme, que no esté ahora que voy. Igual, ahora está siempre y eso me deja muy tranquila.

Por lo demás, estoy taaaaaaan contenta y exultante que temo el momento de la caída porque voy a hacer un cráter. Estaba en el coche con los tres, escuchando música que cantábamos todos, y sentí esa plenitud del plexo solar, y la seguí sintiendo cuando fuimos al Antara y en el pediatra y a la vuelta y pienso en todo lo que voy a hacer en Bs As y en lo bien que la paso últimamente y en todos los años duros que vivimos y...bueno, eso: medio que soy feliz y lo aprovecho.

Después de este vergonzoso momento kodak creo que me voy a hacer un café para seguir trabajando y llegar al dead line.

Así las cosas, chicos.

del amor

El día de ayer fue eterno. Los chicos gritaban y se peleaban en casa con Feli y Juana. Hice una hora de elíptica, sauna, baño, revisión de laburo, lectura atrasada de libro más comentarios escuetos, comedia romántica en Cuevana y una cierta melancolía basal, sin fundamentos, que se me colaba por todos lados. Lo peor: tampoco quería hablar mucho con nadie. Llamaron un par de personas y no me extendí, estaba compenetrada con esa pequeña miseria. Después fui a comprar algo enorme al Magnocentro, pasé por el City y compré ravioles y queso Oaxaca artesanal, paseé un poco por sus conchetísimas góndolas, probé quesos y unas masas (re desubicadas, se supone que no comemos por BA) y me volví a que los niños siguieran quemándome el bocho.
Les cuesta dormirse, no los aguanto más y a la vez, la perspectiva de levantarme 6.40am tampoco es muy alentadora. La vida es ese cúmulo de pequeños dilemas. Marido llegó tarde, había intentado leer el mismo libro que intento hace más de tres meses pero a la media página me da sueño. Llegó amoroso, a besuquearme y me dijo:
-Hoy hablé mucho de vos.
-Ah ¿sí? ¿Y qué dijiste?
-Todas cosas lindas.
-¿Tipo?
Obvio que no me contestó pero me dijo que nunca más jodiera con eso de que no me deje, que él es el que debería decirme eso (?). Había estado hablando sobre el amor y la vejez y parece que reconfirmó internamente que soy la mujer de su vida. Mientras bajaba a buscarse algo de comer, me quedé pensando en las personas a quienes se les escapa el amor de su vida. Dijo algo sobre alguien que siempre idealizaba el afuera y pensé, una vez más, qué sabia fui cuando lo conocí a él, cómo entendí que si lo dejaba ir tal vez nunca más fuera a enarmorarme ni nadie fuera a enamorarse de mí así (aunque marido niegue que en esa época cayó como un chorlo). Cuando volvió, y después de comer, le pregunté ¿cogemos? Al final siempre se copa y amo eso de él. El amor y el sexo sí van de la mano, es una realidad innegable: cuanto más enamorado te sentís, más ganas de garchar te dan. Ojo que también uno a veces garcha por inercia pero estamos hablando del lado A.

Por lo demás: ahora gym, después pasar por laburo con los tres chicos, ir al pediatra (a Tita nunca la llevé oficialmente acá...rarísimo), trabajar, después ver si llego a merendar a lo de Ile.

En fin.
Así las cosas.

Acá leo el domingo



Gracias a mi amada coachie.
¡Vayan!