Leo la última entrada y no estoy tan lejos de septiembre 2023.
O sí.
El problema con el paso de los años y la iteración del sufrimiento es que hay cansancio acumulado. El espíritu se va horadando como el mar los acantilados. Va quedando menos.
A Álvaro dejé de verlo un tiempo corto y después volví a verlo. Pasan los años y pasa lo mismo. Droga dura como siempre. Subidón brusco y bajón extremo. Lo bueno: el sexo mejoró considerablemente. La diferencia: ya no no pienso en dejar de verlo. Ninguno suelta y yo lo quiero en mi vida aunque sea de esta forma deshilachada e insatisfactoria. Un día, cuando no esté más en Miami, decantará solo. Mientras, seguiremos en este vaivén inconducente.
La última vez que conocí a alguien con quien miré películas en la cama y fui al súper de la manito fue, casualmente, después de ese post de septiembre 2023. Ahí todavía tenía alguna esperanza en el amor y en los hombres. Hoy: ninguna.
Depressing.
Por lo demás, mi verano se ve como el desierto del Sahara.
La otra diferencia: ya no espero nada. Las cosas me duelen un poco menos. O me duelen igual pero dura pocos días.
Estar triste, de todas maneras, es más vivible que estar angustiada.
Domitila dice que estamos en los lugares equivocados. Yo sé que en mi caso es estructural. Ojalá fuera solo este pantano. Otra diferencia es que hora sé que no quiero hacer más esfuerzos para pasarla bien. Estudiar, nadar, meditar, comer asado de tanto en tanto, pasar ratos con Camilo y Roberta, resistir.
Tengo otro amante. Un amante sado. Pero ese milita la no monogamia ética. Ja. Flor de mamada pero: estoy a favor.
La conclusión es que estoy profundamente aburrida.
Así las cosas.